02 febrero 2026

Llegar en tren entrando en el túnel, subir una escalera mecánica...

Soy de la generación de palentinos que creció con el problema de las vías. En realidad, cuando eres pequeño, como tantos otros problemas, que la vía dividiera a Palencia lo ves normal. A fin de cuentas, había pasarelas, en Valladolid la estación también estaba en el centro; en Venta de Baños, igual. Y en Santander, cuando llegaba el tren playero, te bajabas cerca del mar, pero nunca lejos de la ciudad. No pasaba nada.

Luego se estrenó el AVE, que era la leche, entre Madrid y Sevilla. En Palencia, el lujo era hacer un Madrid-Palencia en Talgo. Por entonces, ya surgían los grandes planes y los debates sin fin: ¿soterrar, enterrar o elevar? Palencia tenía que estar preparada para recibir la alta velocidad con un plan ideal para todos.

Al final, con tanta pelea, no ganó nadie. Y eso que Palencia crecía. Años después, llegó el primer AVE a Palencia y la estación seguía en el mismo sitio. Los que vienen de turismo se siguen preguntando cómo es posible que no se haya hecho nada con las vías, porque afean la ciudad.

Parece que, si ahora el eterno debate se llevara a referéndum, ganaría por goleada el soterramiento, aunque las aristas seguirían punzantes: "¿Cómo que solo un kilómetro y medio? ¿por qué no se entierra más? ¡Dios mío, qué pesadez con las obras, no se puede ni caminar! Si es que lo mejor, al final es el coche... ¡Y seguirán subiendo el precio de los billetes los sinvergüenzas!"


Nunca llueve a gusto de todos, pero la realidad es que nunca ha dejado de llover. Y ahora viene Adif y dice que hay que poner pantallas acústicas por toda la vía: pantallas grandes y oscuras. Marcar más en negro la línea divisoria. Y lo peor: habrá que tragar.

Para ganar esta batalla es necesario que los políticos remen juntos y los ciudadanos respondan con contundencia en las calles. ¿Qué más se puede hacer? Si no, estaremos avocados a que Adif siga su plan, sin preguntar: "Es lo mejor para vosotros, queridos, y para todo el mundo", dirán pese a que no es lo que Palencia quiere.

¿Lo ideal? Para uno que coge el tren de forma habitual en sus desplazamientos a Palencia, sería que el tren, justo antes de llegar a 'Carrefour' desde Valladolid, se metiese en ese clásico pasillo ancho de hormigón con luces a los lados, aminorase la velocidad hasta parar, uno bajase del tren en orden y subiese por una escalera mecánica hasta prácticamente la calle: si no a los Jardinillos, a la Avenida de Santander. Y ya: cero molestias, cero problemas, cero vibraciones en los edificios colindantes... ¿Qué palentino no firmaría esto mañana mismo con los ojos cerrados? El tren seguiría a Cantabria, Asturias o Galicia, y hasta más ver. Suena sencillo, ¿verdad? 

Pero como esto siga tan despacio, lo siguiente está a la vuelta de la esquina, porque el Ministerio de Transportes ya amaga de verdad: "Ummm, este tren ¿para qué para en Palencia?" A veces sospecho que se nos pone cara de estorbo en el mapa de las lucecitas que debe de haber en una sala grande de Adif en Madrid.

Sospecho que en ese despacho alguien piense que, con la alta velocidad, tenemos suficiente, y que la normativa es la normativa. Ahora Palencia decrece en población y nos sigue costando ser referente de algo. La realidad es que, con buenas conexiones con Valladolid y Madrid, tenemos mucho ganado, aunque la batalla por evitar la fuga de personal seguramente tenga además otros flancos. La incertidumbre nos gana terreno -¿y quién se libra de ella en los tiempos que corren?- pero que no parezca que el tren, cuando pasa, nos mire como de medio lado.

IMAGEN: Adif