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Palencia Entre Líneas
Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.
02 marzo 2026
La Castilla vaciada, o la gran espantada
17 febrero 2026
La vendedora de 'los ciegos' de la Calle Mayor
Cuando cojo el metro en la estación de Aluche, a veces se pone un vendedor de la ONCE latino en un resquicio del andén y canta algo así como "Rascayganarrascayganarrascaygana" y "cinco eurooooos", entre otras virtudes, por llamarlo de alguna forma, de la cantidad de cupones y productos que pueden vender ahora.
Me llama la atención porque ya no es habitual que un vendedor de lotería use su voz como reclamo, y menos desde que muchos de ellos no tienen más que aguardar en las casetillas a que se acerquen los compradores, sin más señuelos que los carteles con los botes y los fuertes luminosos amarillos. Por eso, seguramente, el primer día que le escuché, me vino a la cabeza una vendedora mayor, con gafas oscuras, que se sentaba en una sillita plegable en el tramo inicial peatonal de la Calle Mayor, enfrente de los soportales, y canturreaba siempre lo mismo: "El gooooordo me quedaaaaa para hoooooyyyy". O eso era lo que mi madre me explicaba que la señora decía porque mi cabeza de cuatro o cinco años entendía una especie de "cacacacaroooooy".
Mi madre, a su manera, me dijo que aquella mujer vendía el cupón de los ciegos. ¿Y cómo ve un ciego?, se preguntaba mi yo canijo, pero eso es otro tema. Sé que ella lo compraba algunos viernes, y que hoy en día, aunque ya no lo juega, lo sigue llamando 'los ciegos'.
Aquella mujer regordeta, con melenita corta y voz potente, con la pinza llena de series de cupones sujeta en la blusa, aprovechaba hasta el resquicio de tiempo que transcurría en lo que mi madre buscaba la moneda de veinte duros para anunciar que seguía en su poder el cupón que todo el mundo querría comprar ese día: "El goooooooordo me quedaaaaa para hoooooyyyy". Gracias y suerte.
La realidad es que casi nunca tocaba nada. Mientras cenábamos, lo hacíamos con la radio puesta y el cupón delante, a un lado del plato de pescado. Una vez, mi madre dio un respingo de alegría porque la cifra de las centenas coincidía con el de su número, pero después, con las decenas, aquello se esfumó según vino. Solía caer alguna devolución y también lo celebraba.
Mi abuela materna jugaba más. De hecho, tenía una cuidada colección de cupones de la ONCE perfectamente guardados con unas gomitas en uno de los cajones debajo de la tele. Ni sé lo que valdría hoy aquello. Y ella sí le compraba más a aquella vendedora, por cercanía al bar donde trabajaba mi abuelo. Desconozco si alguna vez les tocó algo importante, pero quiero pensar que no porque su vida nunca fue a mejor.
Hoy día, a los 'ciegos', solo les falta vender apuestas deportivas. Lo único que no ha cambiado es que el cupón se sigue radiando, pero sin el glamour de antes, cuando era en directo, se iba cantando cifra a cifra el número ganador con la histórica sintonía de fondo, el ruido de los bombos y la profunda voz del locutor que te consolaba: "Y recuerde que, si no le ha tocado, habrá contribuido a una gran labor social". Además, ya no hace falta ser invidente para despachar cupones y si te toca un premio un poco más generoso, sin ser la bomba, te dicen que vayas a cobrarlo a Correos, que van mal de efectivo.
02 febrero 2026
Llegar en tren entrando en el túnel, subir una escalera mecánica...
Soy de la generación de palentinos que creció con el problema de las vías. En realidad, cuando eres pequeño, como tantos otros problemas, que la vía dividiera a Palencia lo ves normal. A fin de cuentas, había pasarelas, en Valladolid la estación también estaba en el centro; en Venta de Baños, igual. Y en Santander, cuando llegaba el tren playero, te bajabas cerca del mar, pero nunca lejos de la ciudad. No pasaba nada.
Luego se estrenó el AVE, que era la leche, entre Madrid y Sevilla. En Palencia, el lujo era hacer un Madrid-Palencia en Talgo. Por entonces, ya surgían los grandes planes y los debates sin fin: ¿soterrar, enterrar o elevar? Palencia tenía que estar preparada para recibir la alta velocidad con un plan ideal para todos.
Al final, con tanta pelea, no ganó nadie. Y eso que Palencia crecía. Años después, llegó el primer AVE a Palencia y la estación seguía en el mismo sitio. Los que vienen de turismo se siguen preguntando cómo es posible que no se haya hecho nada con las vías, porque afean la ciudad.
Parece que, si ahora el eterno debate se llevara a referéndum, ganaría por goleada el soterramiento, aunque las aristas seguirían punzantes: "¿Cómo que solo un kilómetro y medio? ¿por qué no se entierra más? ¡Dios mío, qué pesadez con las obras, no se puede ni caminar! Si es que lo mejor, al final es el coche... ¡Y seguirán subiendo el precio de los billetes los sinvergüenzas!"
Nunca llueve a gusto de todos, pero la realidad es que nunca ha dejado de llover. Y ahora viene Adif y dice que hay que poner pantallas acústicas por toda la vía: pantallas grandes y oscuras. Marcar más en negro la línea divisoria. Y lo peor: habrá que tragar.
Para ganar esta batalla es necesario que los políticos remen juntos y los ciudadanos respondan con contundencia en las calles. ¿Qué más se puede hacer? Si no, estaremos avocados a que Adif siga su plan, sin preguntar: "Es lo mejor para vosotros, queridos, y para todo el mundo", dirán pese a que no es lo que Palencia quiere.
¿Lo ideal? Para uno que coge el tren de forma habitual en sus desplazamientos a Palencia, sería que el tren, justo antes de llegar a 'Carrefour' desde Valladolid, se metiese en ese clásico pasillo ancho de hormigón con luces a los lados, aminorase la velocidad hasta parar, uno bajase del tren en orden y subiese por una escalera mecánica hasta prácticamente la calle: si no a los Jardinillos, a la Avenida de Santander. Y ya: cero molestias, cero problemas, cero vibraciones en los edificios colindantes... ¿Qué palentino no firmaría esto mañana mismo con los ojos cerrados? El tren seguiría a Cantabria, Asturias o Galicia, y hasta más ver. Suena sencillo, ¿verdad?
Pero como esto siga tan despacio, lo siguiente está a la vuelta de la esquina, porque el Ministerio de Transportes ya amaga de verdad: "Ummm, este tren ¿para qué para en Palencia?" A veces sospecho que se nos pone cara de estorbo en el mapa de las lucecitas que debe de haber en una sala grande de Adif en Madrid.
Sospecho que en ese despacho alguien piense que, con la alta velocidad, tenemos suficiente, y que la normativa es la normativa. Ahora Palencia decrece en población y nos sigue costando ser referente de algo. La realidad es que, con buenas conexiones con Valladolid y Madrid, tenemos mucho ganado, aunque la batalla por evitar la fuga de personal seguramente tenga además otros flancos. La incertidumbre nos gana terreno -¿y quién se libra de ella en los tiempos que corren?- pero que no parezca que el tren, cuando pasa, nos mire como de medio lado.
IMAGEN: Adif
25 diciembre 2025
La Navidad que a veces se nos olvida, aunque Palencia esté para enmarcar
Prometí volver, y aquí me hallo de nuevo, en una fecha significativa que cada uno vive a su manera. Incluso para la gente sin fe, el calendario marca el día de Navidad.
Y no deja de sorprenderme, para bien, cómo Palencia, de un tiempo a esta parte, se ha puesto a la par de las grandes ciudades en cuanto a decoración se refiere: los led, los colores inimaginables, un tren infantil por allí, animación por allá, un carrusel, una 'Cabalgaza', una pista de hielo -cuando salen las cuentas-... ¡Qué se yo!
El caso es que Palencia queda bonita. No ya solo por las luces, sino por los escaparates, los balcones, lo que cada uno quiera añadir a lo suyo para que la niebla y las heladas se hagan menos hostiles con quien pasea, quien vuelve a casa y sale al reencuentro de los suyos o quien echa una mano a Sus Majestades por los comercios que resisten a las maldadas.
La Navidad en Palencia queda muy 'instagrameable', y eso son puntos para presumir, de puertas para fuera, de que también en Palencia se lo trabajan. Este año, la puesta en largo de las luces de Navidad quedó inmortalizada, precisamente, en esa red social en la que el mismo Ayuntamiento expuso un álbum de hasta 19 fotografías de lo que fue una tarde muy interesante. Pero me llama la atención que solo en una de esas 19 imágenes, y de forma minúscula -porque la foto es desde arriba-, se vea el icono más importante y más longevo en la decoración de nuestra ciudad: el portal de Belén de la Plaza Mayor.
El recuerdo que tengo de Palencia en Navidad cuando era un crío, hace treinta y tantos años, lo conforman las luces de entonces -más escasas que ahora-, la Cabalgata, el Nacimiento de la Vera Cruz con sus rayos y centellas, las visitas a las jugueterías y hasta el triste luminoso con forma de vela o estrella que uno se encontraba en Reyes Católicos al volver al barrio por la noche. Y, por supuesto, el Belén: ese Belén de grandes piezas que hay que ver con los ojos y estatura de un chiguito, en el que al Niño Jesús le colocaban sobre el pesebre tal día como hoy. Ese Belén montado en un establo como el que podían tener cualquiera de nuestros tíos o abuelos en el pueblo, con un buey y una mula del tamaño casi como los que podían tener ellos, y con mucha paja, como la que abunda por los campos y cuadras de nuestros campos de Castilla. Es ese Portal de Belén que sobrevive a todo y que las cabecitas interpretan cuando están en fase de descubrirlo todo, a sabiendas de que lo mejor está en la madrugada del día seis. Porque los Reyes Magos, efectivamente, le llevaron regalos a Jesús.
Lo de la nieve en Navidad, por aquello de darle el toque de postal, es para temporales meteorológicos que ya no nos vienen bien. Cuando me vine a Madrid, los amigos que me eché en la carrera y que venían de ciudades con Corte Inglés, me preguntaban cual bicho raro: "¿No teníais Cortylandia?" Palencia ha sobrevivido sin Cortylandia, y ni falta que hace.
Alabo el esfuerzo por que Palencia esté bonita, esté en el mapa, sea agradable, los niños lo flipen y los mayores, también. Pero volviendo al principio, lo de las luces, las copas y la fiesta es porque celebramos en familia que Dios se hizo hombre en Jesús, aunque, a veces, se nos olvida. Nochevieja ya es otro cantar.
27 noviembre 2025
Regreso a mi blog siete años después y esto es lo que pasa
Desconozco la extraña razón por la que he vuelto aquí. Ignoro de dónde me vino el impulso para saber si la llave todavía abría la puerta. Pero entré.
Siete años y pico después, he vuelto al blog que dejé un día cerrado sin saber si regresaría a él. No sé si la falta de tiempo, la irrupción de las redes sociales, o a saber qué motivo, me hicieron abandonarlo sin mala intención alguna. Se quedó cerrado, como los locales del centro de Palencia que decía, por entonces, que no tenían pinta de volverse a abrir.
Siete años y pico después, tampoco es que haya cambiado mucho la situación, parece. Veo que mi Palencia querida tampoco se escapa de la que está cayendo, aunque dé la sensación de que el tiempo revuelto que azota a Madrid y otras grandes urbes amaine un poco al llegar a orillas del Carrión.
Vuelvo a ver de frente el blog, con la decoración de entonces, los enlaces a blogs amigos que ni siquiera sé si funcionan, y con los recuerdos revueltos de la cantidad de ideas por las que me apetecía escribir.
Me metí en las tripas del editor y vi lo que habían cambiado, así que no sé cómo saldrá esto que estoy escribiendo en este momento. Quizás salga distinto, y no sepa ponerlo con la estética de antes. Tengo ganas de añadir alguna foto pero no me acuerdo ni qué es lo que hacía para cuadrar las imágenes con el artículo.
Y leí algunos comentarios sin aprobar. Recuerdo que le puse moderación porque empezó a entrar spam, y yo solo quería tener el blog más o menos aseado. Y los cinco o seis comentarios que tenía por aprobar, escritos, como tarde, en 2020, me llegaron dentro, como cartas abandonadas en el buzón durante tiempo. Me sorprendió que una guardense me escribiera porque oyó de estas líneas en El Faro de la Cadena SER: ¿mi admirada Mara Torres, de verdad? Y con que una persona dijera que echaba de menos leer las tonterías de este palentino que sigue -y seguirá, si Dios quiere- dando guerra en 'Madriz', a uno ya le tocan un poquito el corazón.
Reabrí la puerta de este blog, me fijé la última fecha en la que escribí. Y pensé que, desde entonces, lo más importante de todo es que ahora soy papá de un chiguito. Un chiguito por parte de padre y, lo que me da más alegría: por parte de madre. Pensaba que 'chiguito' era exclusivo de nuestra Castilla, de nuestro palentino. Y me casé en un pueblo de la Vega Baja en la que hay una tienda de ropa infantil que se llama 'Chiguitos', y cuando alguien de por allí nos pregunta que si vamos a salir a alguna parte, añade: "¿y con quién dejáis al chiguito?", como si de Palencia se tratara, pero con un acento muy diferente.
Voy a Palencia menos que antes y, aunque suene a tópico, menos de lo que me gustaría. Allí, la vida de los míos también está cambiando, creo que para bien. Nunca le digo a la gente que quiero lo mucho que les quiero, quizás porque va en el carácter del que tenemos fama o igual porque es una de tantas taras que llevo a cuestas. Y ahora, cuando vuelva a cerrar la puerta, lo hago sabiendo que, pese al polvo y el olor a libro antiguo, me he sentido a gusto durante este ratito de gélido noviembre. Ahora echo la llave con el presentimiento de que la próxima vez no voy a tardar tanto en regresar.
19 febrero 2018
El comercio tradicional se muere
26 diciembre 2017
La necesidad de paz y prosperidad contra la incertidumbre
En #Palencia, ¡es Navidad! ✨🎄— Somos Palencia (@SomosPalencia) 24 de diciembre de 2017
Disfruta de la ciudad acompañado de la iluminación navideña, la ruta de los Belenes, una gran oferta cultural, talleres para los más peques y trineos 🛷
¡¡FELIZ NAVIDAD!! ☺️ pic.twitter.com/bMs0k5N3SR
05 noviembre 2017
Llorar por un buen... o un mal pan
En Palencia, afortunadamente, quedan panaderías buenas y pequeños comercios de barrio que venden panes de buenos hornos cercanos. Aunque, dado el panorama, entiendo que incluso con los panes aparentemente buenos, surjan dudas de su calidad y procesamiento.03 octubre 2017
La ventaja de pasar desapercibidos
11 septiembre 2017
No va a ser cuestión de la edad
¡Ni qué decir que descubrir la carpa del Hotel Rey Sancho fue todo un acontecimiento! O las tapas del Tierra de Sabor o la del cada vez más mítico Bocados Gastrobar. ¡Si es que hasta en Pan y Guindas teníamos tapas que se sumaban a la fiesta!16 julio 2017
La dureza detrás de la barra
12 junio 2017
El milagro del Cristo
25 mayo 2017
Palencia es para nacer o para morir
09 mayo 2017
Nunca un descenso fue tan esperado
Parece mentira que, en el año en el que debían esperarse más ingresos, más apoyos, más visibilidad, más disfrute, haya ocurrido en el club todo lo contrario. A diferencia del extinto y querídisimo CF Palencia, el 'Dépor' sigue con vida. Dicen que, mientras hay vida, hay esperanza. Cuando se reconduzca la situación, si es que al rehén no terminan de ahogarlo, tiempo habrá de seguir corrigiendo errores y buscar la forma de crecer, y que, de nuevo, Palencia se identifique con una fuerza tan grande como es el fútbol... Como ocurre en Almendralejo, en Huelva o en Badajoz. ¡Qué camino tan largo queda para llegar a eso! (Envidia sana).29 marzo 2017
Bucle de interrogantes
Ese extraño ritual de preguntarle a la almohada y recibir inspiración divina no provoca sino un boomerang de nuevas dudas y acabas obligado a fiarte de tus propias certezas: nada te garantiza nada. Toca estar abiertos a todo, a lo mejor y a lo peor, al frío y al calor. Los imprevistos existen y están de moda: Brexit, Trump o Podemos y demás imposibles para quienes hacen previsiones con datos. .png/c7d5c0f7-8867-a58c-1b18-1bbfd80f4a5e?t=1697455716546)


