10 marzo 2014

Por un partido de 'La Roja' o de la ÑBA

La visita de la sub-21 a La Nueva Balastera de la semana pasada cumplió. Nuestro modesto coliseo palentino, pedía a gritos una cita así. Y con todo el respeto por el Cristo Atlético, pero los pocos cientos de espectadores que acuden a verle cada quince días se antoja corto para lo que un estadio moderno y referente en nuestra región puede dar de sí.
Es de agradecer el esfuerzo que Cristo y Becerril han hecho, con más o menos consenso o conformidad, para aplazar el partido de Liga y poder disputarlo en La Balastera, en lo que puede ser otro día bonito de fútbol. Jamás olvidaré ese casi lleno que hubo en el primer Palencia-Becerril, hace varios años, también en Tercera División, aunque ahora las cosas son francamente distintas. Los habituales, más los que vengan de Becerril, más representaciones varias de nuestra provincia, puede quedar una tarde de las que se echan de menos, con tanto en juego, aunque desgraciadamente sea en la zona baja de la clasificación.
También me parece buena noticia que la final de la Copa del Rey 2014 de rubgy se celebre en el moderno coliseo palentino.
Es un orgullo que Palencia responda en casos así, como también lo fue cuando vimos a un grupo de aficionados dándolo todo en Andorra acompañando en la final de la Copa Príncipe a nuestro equipo de baloncesto. Aunque lo de ascender es harina de otro costal, la chapa y pintura a la que se sometió el Pabellón también se nos queda corta. Porque, puestos a soñar, y ahora que uno vuelve en unos días al modernísimo Palacio de los Deportes de La Rioja a disfrutar de otra Copa de fútbol sala, pienso que con un pabellón mejor, Palencia podría seguir pujando por este tipo de competiciones, con el beneficio que trae.
Un partido de 'La Roja', o de la ÑBA, una Final-Four de Copa en balonmano, una Copa de España de fútbol sala... O, de nuevo, una buena velada nocturna de boxeo, amén de más conciertos y exhibiciones varias tienen cabida, de sobra, en nuestra ciudad.
Y es que, aunque la crisis se lleva por delante todo, los valores de lucha y esfuerzo de los deportistas, a los que alguna vez se han agarrado nuestros políticos, tienen más vigencia que nunca. Palencia tiene algo que le hace una pequeña gran cuna de gente fiel al deporte: unos de élite y otros no. Pero lo tenemos todo para seguir apostando a caballo ganador si seguimos manteniendo esfuerzos en esa dirección.


20 febrero 2014

De transportes, intereses y demás

IMAGEN: Alsa City Palencia
¡Quién diría que se ha montado la que se ha montado con el transporte público en una ciudad en la que es tan fácil llegar andando a casi todas partes! Quizás eso sea parte del problema...
Me resulta complicado saber quién tiene razón o quién no está haciendo las cosas bien en la nueva concesión del servicio de autobuses. Pero parece claro que todo parte por las obligaciones que marca el Ayuntamiento de reducir el servicio para reducir costes (esto se sobreentiende).
Voy a intentar hablar desde la lógica. Y parto de que, a menor servicio, menor gasto en recursos: menos vehículos, menos conductores... Lo que, a su vez, se traduce en menos frecuencia de paso, menos demanda (¿para qué esperar, si llego antes andando?)... Y, cuando cae la demanda, llegan las preguntas lógicas de un Ayuntamiento que busca "ahorrar": Si este servicio no tiene demanda, ¿para qué mantenerlo en estas condiciones?
Esperemos que no se llegue a ese punto, pero es verdad que un servicio público mal diseñado o mal gestionado es un derroche para cualquier bolsillo. Y si hay algo que me enfurece es que los servicios públicos, en general, se recorten con cualquier excusa o bajo cualquier eufemismo. Por ejemplo, en Madrid, al recorte de los MetroBúhos en fines de semana y de los primeros servicios diurnos se le llama "reordenación".
Pues bien, la "reordenación" que exige el Ayuntamiento de Palencia no tiene mucho sentido: no lo tiene cuando las líneas más demandadas empiecen a pasar cada 15 y 20 minutos respectivamente. ¡Benditos tiempos aquellos en los que la línea A pasaba cada 10! Y eso de que la línea P, que llega a barrios que no cubrían las otras líneas, pase a tener un autobús por hora, es una broma de muy mal gusto.

¿Por qué no hacer un mapa y unos horarios flexibles, que se acomoden a lo que pasa en cada momento? ¿Por qué no poner buses a cascoporro por las mañanas que den un buen servicio al Campus Universitario y al Hospital Río Carrión? ¿Por qué no trazar líneas más rápidas que unan los barrios más alejados del centro en vez de perderse con tanto rodeo para llegar 50 metros más allá? ¿Por qué no poner líneas especiales en Fiestas, en la Feria Chica, cuando haya partidos en La Balastera (todo volverá, supongo)...?
Lo más recomendable sería adaptarse a la demanda del pueblo y no hacer que el pueblo se adapte a lo que le echen. Hablamos, repito, de un SER-VI-CIO PÚ-BLI-CO.
Es que, después, vienen con la supuesta creación de un nuevo búho para las noches de los sábados, que puede ser una opción interesante, que no cuenta con la aprobación de los taxistas (estad tranquilos, que no va a bajar tanto la demanda como pensáis), pero que me crea algunas dudas. Esperemos a ver...
Y todo este lío para que, al final, lo que ocurre en el día a día es que haya cerca algún alma caritativa que te acabe diciendo eso de: "Tengo el coche ahí aparcado, te acerco, que es un momento".

07 febrero 2014

Los juguetes del Ayuntamiento

Me pasaban esta semana la fotografía de la instalación de un nuevo radar, en la Avenida de Madrid. Otro más. En el Vial son una plaga y en el corazón de la ciudad, los chivatos electrónicos empiezan a ser una tónica habitual. Me sorprendió ver, porque nunca antes había visto una, la señal que advierte en Casado del Alisal, de que ojo con saltarte el semáforo en rojo.
Vivo habitualmente en Madrid, donde pasa más de lo mismo. Cuando apremia la necesidad, sientes que te la clavan por donde pueden. Por motivos de trabajo, tuve que coger un taxi un domingo por la mañana, y el taxista protestaba (y con razón) porque, yendo sólos por el tramo de Santa María de la Cabeza, de sentido único, con varios carriles y sin aceras, no podíamos ir a más de 80 porque había un radar.
Pero es que les va bien a los gobernantes locales para aumentar la recaudación de los Ayuntamientos sin que, en muchos casos, exista peligro para nadie. Se busca la multa, el dinero rápido. Se busca que salte el automático. No existen razones: te pasas, salta el piloto y ya estás fichado. A pagar, aunque sea poco. Un proceso autómata. Una jugada maestra.
Prohibido, prohibido, prohibido, prohibido. No existe la justificación. No existe el margen de maniobra. Sólo el haberte saltado la señal de prohibición. Aunque fueras solo, a 58 kilómetros por hora en vez de a 50 a las 3 de la madrugada un lunes.
Todo esto lo dice un no conductor que sufre, de copiloto, en las rotondas donde descerebrados hacen rectas las curvas, se meten por el carril de dentro y salen por el carril de dentro, sin dar el intermitente. Lo dice un peatón que no sabe si el coche, como tiene el semáforo en ámbar, va a parar, aunque mi semáforo esté en verde, también cerca de una rotonda. Lo dice un ciudadano que entiende que, con las frecuencias absurdas del servicio de transporte público, la gente prefiera moverse en coche por la ciudad, más en invierno y cuando llueve.
Debe de ser que, como está todo tan parado (sin grandes obras, ni posiblidad de grandes ejecuciones), los Ayuntamientos se aferran a estos juguetitos como quien, de niño, tiene una larga tarde de sábado encerrado en su cuarto y tira de sus Construcciones Lego.
Los muchos conductores que protestan y que piensan que los radares son meros instrumentos de recaudación, no pienso que sean unos irresponsables al volante. Tampoco quienes avisan, en redes sociales, dónde se encuentran esos puntos negros... para el bolsillo, sobre todo.

10 enero 2014

Los impuestos

Ha comenzado 2014, el año previo al de las bajadas de impuestos y demás cosas que el Gobierno no quiere hacer hasta que haya elecciones para evitar que el pueblo llegue a las urnas sin una gota de oxígeno. Pero eso será otro año. Toca hablar del que acabamos de empezar, en el que, por desgracia, no se van a producir las rebajas prometidas en el IRPF, sí aumentan las cuotas a la Seguridad Social para autónomos, y habrá menos parados, más después de conocer que el 80% de los jóvenes españoles están dispuestos a aceptar cualquier tipo de trabajo. Es que, además de no rebeldes, somos sumisos. No hay nada como un pueblo sin herramientas y con hambre.
En medio de ese país asfixiado y en pleno declive económico, existe un lugar donde parece que el tiempo se da una tregua. El lugar se llama Palencia. Hay otro, cerca, que se llama Zamora. Son las dos únicas capitales de la región donde, sorprendentemente, y contra todo pronóstico, no han subido los impuestos municipales. Para una ciudad como Palencia, donde, decían, había un agujero grande que había dejado el anterior alcalde socialista, o ya se han subido demasiado los impuestos, o le echaron literatura a su llegada.
Para tener tan claro el discurso de la herencia recibida, sorprende sobremanera no haber seguido el ejemplo que marca Moncloa a nivel de impuestos. Sorprende poco, o más bien nada, que Palencia siga siendo una ciudad barata para vivir, pero también es verdad que no da para más. Somos como aquella comunidad de vecinos donde cada uno pone 40 € al mes y se van cubriendo los gastos del mes a mes, hasta que toca cambiar el ascensor o la luz la suben demasiado, pero que no aspira más que a seguir llevando una vida plácida hasta el final de los días.
Eso es bueno si concebimos Palencia como lo que es, salvo que, algún día, se demuestre lo contrario: una bonita ciudad residencial que vive de los servicios y, en buena parte, de la industria. O, mejor: de FASA. Una ciudad de la que los jóvenes emigran a otras ciudades a seguir aprendiendo, si su futuro no está en la caja de Carrefour, cuidando enfermos en San Luis o controlando puertas de 'Renaules'.
Mientras no pasemos de ese estatus, está más que bien que Polanco, al menos este año, no haya hecho lo que viene siendo una tónica habitual del que preside el Gobierno. Con la que cae, es raro que un dirigente del PP no suba más las tasas. También es verdad que el crecimiento no está unido a los impuestos, pero ése es un letargo del que parece que nos cuesta despertar.

23 diciembre 2013

La Lotería rara y la Adoración al Dinero

IMÁGENES: Diario Palentino y El País
H
a sido la primera Lotería de Navidad rara. Y la primera Lotería de Navidad de repago. Montoro. Porque la jugada comenzó con el Niño de 2013, ¿o nadie se acuerda?
Fulanito es un currito de clase media-baja y le obligan a pagar con el mismo décimo una segunda vez. Se pasó unos meses en paro y luego encontró dos trabajillos durante el resto del año, por aquello de dar de comer a su churumbel... Y como el Estado Patrio Borracho consideró que había tenido muchos pagadores, le crujió en la Declaración de Hacienda. Y como le ha tocado un quinto premio, se ha visto obligado a deshacerse de casi un 20 % de sus 6.000 € para que el Estado Patrio Borracho pague a los bancos la deuda. Lo de tapar agujeros no es cosa exclusiva de él. Si hubiera sido ricachón, se la refanfinflaba. Montoro.
La provincia de Palencia, con una tasa de paro superior al 20 %, es la quinta que más se ha gastado en Lotería de Navidad por habitante, con Soria a la cabeza. Ahí queda el dato. Montoro se ríe.
Y ni duda cabe que la bajada de ventas en general entra dentro de la lógica.
Como tampoco se puede dudar de que, en estas fechas calificadas como entrañables, entre la Adoración al Niño, la Adoración al Juguete y la Adoración al Dinero, ésta última es la más espectacular.
Es el ritual en el que la gente lo da todo. No hay más que ver lo que ocurre cuando, en el preludio del sorteo, se introducen las bolas de los premios grandes. El nivel de excitación del pueblo se sale del Teatro Real. Y cuando esas bolas vuelven a salir, se desata un nivel de euforia tremendo.
Los tiempos cambian y la décima parte de un primer tiempo da para comprar un piso, amueblarlo y poco más... Eso, si no ha tocado repartir. Y cuanto más lejos damos el salto en el tiempo, más cundían las pesetas. Una pedrea da una "alegriílla", más si cubre lo gastado. Y un gran premio, pasada la euforia del momento, no da para retirarse, aunque es verdad que, como dice el chiste, "yo también prefiero llorar en un Ferrari".
Los dueños de la Administración han salido a celebrar la serie del primer premio que han vendido en ventanilla.  Y es que, como más de uno me ha dicho más de una vez: "¡Cómo mola hacer feliz a la gente!". Es, quizás, el único renglón más humano que tenga más o menos con lo que se espera de nosotros en Navidad. Lo demás, Montoro. Na, na, na, na, na, na, na, na. Lo dicho: es raro.

20 diciembre 2013

Capel

El detalle con el que realiza sus cuadros contrasta con su enorme sencillez como persona. En mi casa siempre se ha hablado de él, porque nos gusta. También ayuda a mantener ese vínculo de admiración y cercanía saber que el pueblo de mi familia fue el que el artista y su familia eligieron como segunda residencia.
Es palentino de adopción y sentimiento, y todo el mundo le conoce a él y a los suyos. Y su obra causa admiración a los que entienden de arte y a los que no entendemos. Su gran realismo nos parece prodigioso, más allá de significados y significantes que sólo comprenden los que saben de ese lenguaje sobre lienzo.
Está exponiendo en Madrid, en el edificio de Correos de la Plaza de Cibeles. Capel en estado puro: todo, si se mira desde cierta distancia, es perfecto, es fotográfico. De cerca, aparece la pincelada, el detalle, los hilos de la tela de araña, el truco revelado.
En la sala, existen varias listas de precios que tampoco pasan desapercibidas para los que no compramos arte. A quien no le salga el niño futbolista, que no se lleve mal rato si el chaval dibuja bien. Luego, hay que vender, que esa es otra. Yo lo trabajé de chiguito, porque tenía la posibilidad, me apetecía, y mis padres, después, me animaron y vivieron conmigo, pero el dibujo y la pintura no pasaron de ser unas aficiones pasajeras que me tomé en serio durante varios años de mi vida.
La Gran Vía impresiona. Es así, tal cual. Más realista que la propia Gran Vía de carne y hueso. Además, con la luz y la poca cantidad de gente y tráfico que le hace tan apetecible. Porque la Gran Vía no es siempre como aparece sobre la tela. A veces, en estas fechas, por ejemplo, se convierte en un infierno de atascos humanos, en general. Paso por ella casi todos los días. El cuadro es una ventana por la que maravillarse con una de las arterias de más vida en el corazón de España. Su precio, lo vale. Y Capel, más.

10 diciembre 2013

La pared que grita al final del túnel

En lo que unos hacen que solucionan el problema del ferrocarril en Palencia, otros (o, quizás, los mismos) van poniendo parches a lo que ya tenemos. Los túneles y pasarelas deberían ser siempre una cuestión prioritaria teniendo en cuenta que son el by-pass que unen los dos trozos de la ciudad, perfectamente separados por la vía del tren y que, desde siempre, nos ha situado a varios barrios de la capital, geográficamente hablando, "al otro lado de la vía".
El túnel que se construyó hace unas dos décadas bajo la pasarela de Villalobón fue un cambio radical, y para bien: se eliminaba la mítica, eterna y horrorosa pasarela de caracol que casi nadie atravesaba y se construía un acceso subterráneo tan corto que no parecía ir bajo tierra. Nada que ver con los largos túneles llenos de baldosines, eco y oscuridad que ya había, como el que pasa por debajo de la estación. ¿Alguien ha probado a cruzarlo en la soledad de una noche cualquiera?
El túnel que comunica Pan y Guindas con la calle Alfonso X El Sabio era de calidad "semi-siniestra", salvado por los enormes focos de luz amarillenta. Pedía una reforma a gritos. Se le ha dado recientemente una buena capa de chapa y pintura y, aunque un túnel morirá siendo túnel, con las paredes recién pintadas parece otra cosa. Sólo que tanta blancura pública acaba siendo objeto de los (póngase el adjetivo que cada cual desee) de siempre, que han tardado menos de lo que les parió sus madres en echar cuatro 'borratajos': uno que, creo, simula una especie de culebrilla y, otro, que no deja de ser producto de nuestros tiempos, un mensaje en toda regla: "Poder = Corrupción. Políticos a la Hoguera".
Alguien ha decidido que la pared al fondo del túnel, con su traje recién sacado de la tintorería, se acuerde de los políticos a grito pelado. El acto no es justificable, pero no deja de ser una estampa bastante comprensible para los tiempos que corren. Porque ¿quién sabe si, cuando nos multen por manifestarnos y cosas parecidas, las paredes sean las únicas que tengan potestad para expresar nuestros pensamientos sin riesgo de castigos?

28 noviembre 2013

Un día, la chimenea dejó de echar humo

Se me pasaban por la cabeza estas líneas después de mi última visita a Palencia. El pasado domingo cogía el tren de regreso a Madrid. A la izquierda de la estación, esa torre: la de la antigua Electrólisis del Cobre que sobrevive al paso del tiempo, testimonial, cada vez más cercada por los nuevos edificios.
Era lo primero que saltaba a la vista cuando uno salía de la Balastera. O cuando llegaba, pues no pocas veces, en partidos de mucha afluencia, se utilizaban sus aledaños como aparcamiento.
Mi hora de partida hacia la capital de España era casi la misma a la que sonaba el timbre de mi casa. Entonces, ya tenía puesta la camiseta del Palencia, el carnet en la cartera y era el momento de ir en el Ford Fiesta, aún existente, de mi tío, con el Carrusel Deportivo de fondo, a ver uno de aquellos Palencia-Garray o Palencia-Ponferradina... Sí, ése que ahora se pasea en Segunda y que, en La Balastera, por aquellas temporadas de Tercera, se llevó 7 goles en una bonita tarde-noche fría, como casi todas.
La semana pasada, leía un artículo en mi ordenador de la radio sobre el Cristo Atlético y mi compañero
Lartaun, que pasaba por mi lado, me preguntaba si ahora teníamos algún equipo en Palencia. Todo el berenjenal de sensaciones, explicaciones y argumentos que circulan entre las calles del fútbol de la capital, lo pude resumir del tirón. La situación, tan compleja en su momento, podía dibujarla sencilla: "hay un equipo de un barrio que... Hay otro equipo que... Y se creó otro equipo que... Y, luego, hay un pueblo cercano que..." Ninguno es el Palencia con el que tanto le ha vacilado De la Morena a Bustillo ni tampoco es aquel por el que me preguntó Alcalá en aquel 'Partido de las 12' que hicimos en Palencia, hace poco más de dos años y que ya daba síntomas de no estar muy bien.
La fotografía tomada desde la "portería del río" en esa imagen histórica donde no cabía un alma más en La Balastera, capta la esbeltez de la chimenea que, el domingo, me llevó al recuerdo. Un día, la chimenea dejó de echar humo. Otro día, el viento tiró el muro que había detrás de esa portería. Otro día, ese estadio desapareció. Lo siguiente en apagarse fue el equipo que allí jugaba.
Aquel Cristo que, en los 70, salvó de aquella forma al Palencia de su total desaparición, hoy es el que juega en La Nueva Balastera, prácticamente vacía. El espíritu del fútbol palentino no se ha apagado... Sólo está aletargando.

12 noviembre 2013

La plaza de la bandera

IMAGEN: Norte de Castilla
Ignoro si cuando España ganó sus Eurocopas y su Mundial, los palentinos escogimos la fuente de la Plaza de España porque la plaza se llama así o porque la fuente era la que mejor nos venía. Las noches de aquellos tres días se quedó pequeña. La semana pasada, sobró hueco.
Somos así, pero si no es por el deporte, somos un país separado, entre otras cosas, por una bandera. Se puede ser de izquierdas y estar orgulloso de ser español, pero está mal visto. Se puede no ser de izquierdas y republicano, pero más de lo mismo. Luego, en las manifestaciones de izquierdas se ven banderas con la franja morada y, en las que convoca la derecha, el aguilucho. ¿Cómo va a ser tomado, sin más, el acto en el que el alcalde de Palencia decide que, con todos los honores, se va a izar un banderón español en la plaza palentina que lleva el nombre de este extraño país?
El acto en sí, no hace daño... O no debería hacerlo. Al fin y al cabo, somos españoles porque vivimos en un territorio llamado España, con sus nacionalismos y sus 'orgullosismos' particulares sin representación política alguna. Dolería más que en la Plaza de España se colocara una bandera de Qatar, aunque hubiera quien, por una pasta, seguro que no lo haría muchos ascos.
Cuando España vuelva a ganar algo en fútbol, seguro que las fotos salen bien y, ea, pelillos a la mar. El banderón nos va a parecer poco. Palencia, rotonda, España... todo cuadra en la misma fuente. Quizás el momento no ha sido el más adecuado. Esta España de la corrupción, esta "marca España" que nos pone más colorados aún que el rojo de la bandera, esta España con más desempleados y niños hambrientos que nunca en toda la democracia no está como para que la hagamos muchos honores. Los caídos por España son ahora las víctimas de la clase política que nos controla desde los gobiernos y desde la oposición. A los que votamos y que, ahora, se están desenmascarando. 
El banderón de la Plaza de España debe recordarnos, cada vez que pasemos por allí, que el país lo conformamos los ciudadanos, y que somos lo que un trabajador es para su empresa: el motor. Y que las revoluciones de verdad no se hacen eligiendo al Patrón cada cuatro años...
... PD: Ni desde el Twitter ni desde blogs cómo éste. Lo dice un adicto a los movimientos de indignación en las redes sociales, la revolución ineficaz tan de moda en los años que corren. Lo dice uno que piensa que en la España que representa esa bandera, no va a cambiar nada en los próximos años.

20 octubre 2013

Mejor que no tiemble

IMAGEN: Earthquaketrack
E
sta semana, algunos de compañeros se resistían a creerme, pese a que yo mismo no lo di importancia al momento porque me resultó muy extraño 'eso' que se notó en la calle y que hizo vibrar todo durante un instante. Enseguida vi, en las redes sociales, que la gente andaba inquieta haciéndose las mismas preguntas. Hasta que a las cuatro y media de la tarde, ya hubo quien me envió el enlace del Instituto Nacional de Geología que confirmaba un terremoto de 2,8 grados con epicentro en Alcorcón. Desde Aluche, ¡claro que se notó!
No fue, ni mucho menos, similar a lo que sentimos aquella noche de 1997, en Palencia. Era verano y la cama se movió ligeramente. De no ser porque mi padre, que había llegado hacía poco a casa y aún andaba completamente desvelado, se puso a pasearse por la casa, no hubiera activado mi propio sentido de la alerta. Mis padres hablan con un tono más alto de lo normal. A los pocos minutos, otro temblor. Breve. Se mueve ligeramente la cama y se oye un ruido indescriptible. Enciendo la lamparilla y la lámpara de techo oscila. En el 'Hablar por Hablar' de la SER la gente desdramatiza. Galicia estaba bastante aterrorizada, y con razón, pero allá donde se sintió se tomó como lo que es: una anécdota, sin más. Los que llamaban a esa hora en la radio eran de otras partes y contaban cómo habían sentido el terremoto que echó a la calle a buena parte del pueblo gallego.
Tenemos, pese a todo, la inmensa fortuna de vivir en zonas tranquilas. La península ofrece, por lo general, un gran remanso, salvo excepciones caprichosas de la naturaleza.
La meseta castellana hace vida con tranquilidad, como los castellanos que reposan sobre sus suelos. Todo en uno. A veces el poco o nulo movimiento del subsuelo se confunde fácil con el aletargamiento de nuestra Comunidad, que no sé si tendrá cura o nos viene dado por inspiración divina.
Históricamente hablando, en suelo palentino, siempre se ha hablado de secuelas. El mítico terremoto de Lisboa de 1755 dejó daños visibles en la torre de la Catedral y también en la de San Miguel. No hubo que reconstruirlas como la ciudad portuguesa, pero hubo que apuntalalarlas a conciencia porque corrían riesgo de desplome.
Mi madre, utilizando una lógica 100 % aplastante, y un tanto inquietante, me decía el martes: "Esas cosas, mientras no te tiren la casa abajo están bien sentirlas". Desde luego que siempre le recuerdan a uno a qué mundo pertenece... Pero mejor que el suelo no tiemble, gracias.

24 septiembre 2013

La Bella Desapercibida

IMÁGENES: Diario Palentino / Junta CYL
E
s relativamente fácil encontrar en Internet y en guías de viajes especializadas información turística sobre Palencia, pero aún estoy por ver alguna en la que lo importante sea no el qué se ve, si no por qué merece la pena conocerla o acercarse. La motivación que nos falta cuando ver la palabra Palencia en el mapa no nos dice ni produce nada. ¿No dicen Guadalajara o Ciudad Real que están cerca de la capital de España? Empecemos por decir que estamos a poco más de los 50 minutos que tarda el AVE a Valladolid... Vendámonos desde el primer minuto de juego.
También te hablan de iglesias y de un Cristo. Que si la Bella Desconocida...
Luego hay quien habla de la marca Palencia y demás rayos fritos. La marca es márketing, es decir: te llevas el Ariel por primera vez a tu casa porque crees que satisface tus necesidades. Porque te convence. Que se use mal la tontería de la 'marca España' no debería llevarnos a lo mismo. ¿Por qué Ariel y no otro detergente? Eso es una marca: valor, técnica, ideas, posicionamiento, producto... Trabajo, y muy bien hecho.
FITUR está bien, las webs institucionales también, los spots de la Junta también, la Semana Santa también... Se trabaja, pero no se acaba de llegar. Lo digo porque luego hablas con la gente de fuera y sigue sin saber lo que se hace en nuestra tierra, lo que se come e incluso dónde estamos en el mapa. En la época de Google Earth eso sigue pasando. Algunos dirán que es culpa de la Logse... O que tal vez ahora seamos más 'la Bella Desapercibida'.
Luego, la gente que ha visitado Palencia, resulta que le gusta y se queda, por lo general, con un buen recuerdo. Y lo pone en Tripadvisor, que hace mucho más que todo lo comentado antes. Por ponerle un 'pero' a esto: ahí se queda todo muchas veces. Palencia ya está vista. Un día y chim pun. Ya sabemos lo qué hay. Conseguir algo mas se plantea como un reto de alturas.
Señores: coman, paseen, compren, descansen, conozcan, cenen, charlen, salgan, disfruten, sorpréndanse y quédense con ganas de volver a probar otra cosa y a conocer la provincia. O, si pasan cerca, quédense otro ratito.
Ni Desconocida ni Desapercibida. El 'Palencia querida' de nuestro himno debe sentirse más allá de nuestras fronteras.

13 septiembre 2013

Cuando parece que nos estorbamos

Leo este viernes en la prensa local que la normativa para ciclistas va a ponerse muy rigurosa porque parece que hay algunos problemas y atropellos. Unos dirán que los ciclistas son unos asesinos, otros dirán que los peatones son unos intransigentes, otros dirán que ya era hora, otros dirán que pagan justos por pecadores y otros dirán que la culpa es del cha-cha-chá. Lo típico en estos casos.
No soy ciclista. De hecho, hace tiempo que no cojo una bici. Pero, si la tuviera, en Palencia seguiría tirando de coche de San Fernando... O de bus, cuando los recortes lo permiten. Más que nada porque Palencia no es ciudad para ciclistas. Los carriles bicis tienen más peligro que un borracho al volante, y a ver quién es el valiente que tira por la calzada cuando va, por ejemplo, por la Avenida de Madrid, donde falleció uno hace unos meses, o sorteando unas rotondas que, incluso de copiloto de un coche, me hacen sufrir a cada segundo. Las aceras, según... La Calle Mayor es complicada a ciertas horas, que es la vía que quieren restringir. Todo son facilidades.
Quizás forme parte de mi madrileñización, pero Palencia me parece una ciudad comodísima para moverse andando. Uno puede atravesar un barrio de la periferia sin cruzarse con prácticamente nadie, hasta que va entrando en el corazón de la ciudad, sin llegar a obtener la sensación de caminar por una Detroit cualquiera. Dicho esto: estoy a favor de la libertad que hay para que cada cual se mueva como le sea conveniente. La clave es el respeto.
Mención aparte merece la nueva especie a la que evolucionamos: el 'homo whatsappensins'. Peligroso para otros peatones, ciclistas, conductores y ratas de alcantarilla. Con auriculares incorporados, extremadamente peligrosos. Olvidan su mortalidad, como los super héroes.
Ciclistas normales de Palencia: los horóscopos no os son favorables. Los zumbados que van con su bici como si fueran el shaolín de Bilbao con su katana, han conseguido que pongan normas hasta para vosotros. A uno de fuera que lea los periódicos puede pensar que en nuestra ciudad parece que nos estorbamos, cuando no es así. Ahora tendréis multas, tan recaudatorias ellas. Para que cuando os neguéis a utilizar el carril bici del vial en vez de la acera, os la claven. Sí, el carril bici que, a veces, utilizan los coches que se estrellan. Luego queremos ser 'ciudad verde' y esas cosas que tanto gustan a las alcaldías.
Lo del préstamo de bicicletas ya no sigue en pie, ¿verdad? Pues eso.

06 septiembre 2013

La chatarra detrás de la feria

Observen la panorámica que nos deja el Barco Vikingo de la Feria desde esta perspectiva, lejana, con la chatarra de fondo. Es el reflejo de la 'mini-mini-mini-feria-chica' que nos ha quedado esta vez. El Barco del Recinto Ferial quiere elevarse por encima de los despojos, por encima del deshecho. Quiere reivindicar su estatus como atracción en las fiestas de una capital de provincia. Hueco tiene de sobra para hacerlo porque, si ha habido algo en estos últimos sanantolines, ha sido espacio para las atracciones.
El Recinto Ferial da más pena cada año. Los feriantes ya no quieren venir a Palencia. A, según me dicen, unos 180 euros diarios más gastos y el compromiso de no marcharse hasta que finalice el tinglado, no les interesa. Prefieren Valladolid o Salamanca, con más habitantes, con más fiesta. O, directamente, ni venir por no perder dinero. No somos rentables. 
Hace no mucho, apenas una década, llegaban, montaban y antes, incluso, del último día, se marchaban. Y ese día quedaba para uno de los días del niño. Quizás eso incluía un viaje en el Castillo del Terror con las paredes a medio desmontar y viendo a los muñecos monstruosos a casi plena luz del día. Pero el Ferial 'molaba', aunque siempre llegaba el berrinche de "jo, es que los últimos días ya no queda nada porque se van a Valladolid". Cuando las fiestas de Valladolid comenzaban después de las de Palencia... Aquellos tiempos, ¿se acuerdan?
La entrada sigue igual: la puerta de luces, la caseta del vino dulce, la atracción de la Masa con su ruido atronador y tan característico, y la caseta de los pájaros junto a la de las botellas a las que hay que lanzar un aro. Y según uno se metía hacia adentro, la adrenalina crecía. Sabíamos que las atracciones fuertes, las de mayores, estaban al fondo: las de miedo, las de ponerse boca abajo, las de dar vueltas como locos, las de las luces psicodélicas... Ya no queda nada de aquello. Algo ha fallado que ha hecho que la feria ya no sea lo que era... Ni apenas un asomo.
El clásico bingo, las carreras de camellos a las que el pregonero Óscar Castellanos imitó desde el balcón del Ayuntamiento, los coches de pista, los míticos perritos de la Mercedes con su salsa 'ojo pica' no han faltado esta vez. Pero alguno, visto lo visto, igual se lo piensa. Yo haría lo mismo. No compensa que una atracción de hierro, luces y cables, acabe siendo tan prescindible como la chatarra que asoma detrás del Barco.

04 septiembre 2013

Sobre la Feria del Libro

De las cosas que más me gusta hacer en Palencia cuando voy por fiestas es darme un paseo entre las casetas de la Feria del Libro. Porque de más crío era un loco de los libros. Porque le hice preguntar a mi madre a uno de los libreros por la colección completa de Tintín. Porque alucinaba en colores cuando ví que en la sección Juvenil de la Biblioteca Pública los tenían todos. Y porque, de un poco más mayor, me flipaban los libros que contaban cosas sobre Palencia, que estaban (y estarán todavía) nada más entrar en la sala de préstamo, en la primera estantería a la izquierda, en el pasillo de los de Psicología y Ciencias Ocultas. Cosas raras que a uno le atraían de adolescente.
En la época de los ebooks, los readers, los pdf, la prensa digital y todo lo electrónico, los libros siguen luciendo brillo con sus portadas al sol. Me gusta ver los libros en la calle. Me impresiona la Feria del Libro Antiguo que, de vez en cuando, se ve en el Paseo de Recoletos de Madrid y me sigue atrayendo la modestísima, a su lado, Feria de Palencia.
La temática local sigue siendo la de siempre más alguna novedad que sale cada año. Últimamente, el gran Asier Aparicio está dándole como loco a la novela histórica ambientada en nuestras tierras, lo cual no es fácil. Lo demás, sigue ahí: el librazo sobre Victorio Macho, El Palencia de mi Vida, Las Calles de Palencia, etcétera. Su información supera, con creces, a la que pueda encontrarse por Internet. Por eso son necesarios.
El nivel de ventas ignoro si sube o si baja cada año. Supongo que los propios libreros, tal como anda la cosa, se conformen con ese primer contacto entre libro y el posible lector a pie de calle al que las páginas le hablan: muy poético todo ello, pero si no venden papel, el negocio está perdido. El día que, porque no les rente salir al Paseo del Salón, no estén habrá muerto otro pedazo importante de los sanantolines.

27 agosto 2013

¿Y yo presumo de que vengo a las Fiestas?

La respuesta es sí, aunque me queje, porque tengo donde comparar y las fiestas no son ni el espejo de lo que fueron. ¿Alguien recuerda aquel espectáculo pseudo pirotécnico que debió costar una pasta, que hicieron cerca del río, y que decepcionó? ¿Alguien recuerda cuando Rosario Flores o Bertín Osborne hicieron de pregoneros, cobrando (supongo) lo suyo y arreglándolo todo con un "ale, pos que lo paséis muy bien"? Cafradas ha habido siempre en los sanantolines, desde luego. Y críticas también las ha habido, con y sin dinero. Sin embargo, las estrecheces impiden, otro año más, que tengamos las fiestas que Palencia se merece.
La música es cara, de ahí que los conciertos gratuitos no ilusionen, por lo general, tanto en número como en calidad. También se echa de menos que no haya nada en las Huertas del Obispo, una zona que, entre música, fuegos, y la posibidad de tomarse en el césped cada uno lo suyo, animaba la semana una barbaridad.
Echando un vistazo rápido al programa, así como por encima, nuestros ojos se saturan de pádel, tenis y tragaldabas. ¿Qué la cosa no da para más? Bueno, nos quedan las casetas, como viene siendo costumbre. ¿Cuántos de nosotros hacemos planes para ir de casetas? Porque los que no sacan la caseta a la calle, venden sus tapas en sus locales y colocan carteles. La hostelería palentina sigue con sus guerras y sus quejas... Nada nuevo, por otra parte, y por fin el resto celebramos que se vean más iniciativas de tapeo que le darían a Palencia, pienso yo, ese plus de atractivo para una ciudad que no pasa del Cristo del Otero y de la menestra, ésa que todos hemos comido en los mejores restaurantes palentinos... ¿Ah, que no?... Pero acabarán las fiestas y volveremos a lo de siempre. 
Párrafo 'modo tocapelotas on' al respecto: uno viene de estar unos días a remojo y de que, por 1.70 €, a 30 metros del mar, en el chiringuito de turno, le pongan consumición con hielos en vaso de cristal y una tapa para consumir con tenedor. ¿Demagogia? Puede, pero es que eso existe y perdónenme que aún lo tenga reciente. "Pues vuélvete para allá", me diría algún empresario hostelero cabreado por la pasta gansa que le ha costado sacar la caseta a la calle, más la contratación de los jóvenes que tiene currando a todo trapo y justificando que 2.5 € no es un precio suficiente para él. "Claro que, si pudiera, volvería", diré yo, posiblemente con alguna tapilla en la mano.
Y a todo esto hay que añadir el asunto pucelano. Esas fiestas que se mueven más que los precios, como diría Chiquito en sus buenos tiempos, y que este año permiten que sus inicios se solapen de lleno con nuestro fin de semana grande. Y hará que, quien tenga familia por Valladolid, cosa más frecuente de lo que pensamos, si tiran la moneda al aire, no será raro que salga cruz y, todos unidos de la mano, acaben dando vueltas por los aledaños del Nuevo José Zorrilla. A fin de cuentas, "si es que en Palencia no hay nada" y la contraportada de nuestro programa oficial de fiestas publicita un centro comercial de Valladolid.
¿Y yo presumo de que vengo a Palencia por las fiestas? Sinceramente, sí. Lo hago cada vez que vengo, haya o no fiestas. Pero que son muy, muy, muy mejorables, también es cierto. ¿Las seguiremos criticando? Sí, porque nos encanta y porque salen del dinero público. Aunque es difícil que llueva a gusto de todos, si no somos los primeros en mimarnos un poquito, nadie lo va a hacer por nosotros. Seguiremos esperando a esos mejores tiempos que llegarán con la resurrección milagrosa de la bonanza económica que BLA BLA BLA. 
¡Felices Fiestas de San Antolín a todos los palentinos!

09 agosto 2013

Sobre la Plaza de Abastos

Leo en estos días que la prensa está a vueltas con la remodelación de la Plaza de Abastos, uno de los edificios más emblemáticos del corazón de la ciudad y que, sin embargo, menos interés despierta entre los curiosos. Quizás porque los propios palentinos lo tomamos como lo que es: un mercado más. Es el "mercafruta" de barrio hecho centro, pero a lo antiguo. Dice la leyenda que quien se planta con los ojos cerrados delante de una puerta puede escuchar aún los precios en pesetas.
Que el mercado tradicional pierde adeptos no hay más que verlo. La gente joven va a Mercadona y pide al carnicero que quiere tantos filetes (ya vienen cortados) a precio de ganga, que saben bien y arreando. O se coge unas bandejitas de Carrefour, que son la mar de cómodas. No hay como ir a una galería de alimentación para darse cuenta de que uno, lindando los 30 años, con su sola presencia baja notablemente la media de edad de la gente que acude a hacer la compra.
Pero las plazas se reinventan. O están en proceso de cambio. El Mercado de San Miguel, en Madrid, o La Boquería, en Barcelona, marcan el camino. Las Plazas dejan de ser centros exclusivamente para comprar carne, fruta o pescado y se convierten en un centro neurálgico donde turistas, amigos y curiosos se juntan para tomar algo, mientras se dejan envolver por ese ambiente a tradición que atufa a la plaza y le dan la vida que el desuso le quita.
Sólo los puestecillos que dan al exterior parecen animar a la congregación de la gente. Se echa de menos algún vocero.
Reconozco que hace tiempo que no entro, porque los accesos tampoco invitan a darse una vuelta teniendo Abilio Calderón y la Plaza Mayor cerca, pero es verdad que es la parte de un todo a la que le falta una vuelta de tuerca, que está ahí, como en medio, quitando el paso hacia el Ayuntamiento, la Diputación, Hacienda o San Francisco. En medio, sin poder ser atravesado salvo que uno vaya a comprar. Una mole antigua sin luz ni brillo que no atrae ni a las palomas y lo más parecido a una capa de pintura son las pinceladas de cola en la pared donde se pegan y acumulan las esquelas del día a día.
Al público joven se le puede atraer no ofreciendo filetes de centro de ternera a 10 euros el kilo, sino con un sitio agradable para tapear, degustar, ver el mercado moderno y tradicional juntos y ofrecer cosas nuevas... ¡Será por productos palentinos! Estaría bien llevar parte de ese espíritu casetero de San Antolín y que a tanta gente empuja a las calles, pero en un espacio único con su ración de historia y su dinámica de compra-venta de siempre. Y es perfectamente compatible con todo lo demás, sin hacerle mal a nadie.

28 julio 2013

Las cosas que me deja julio

El mes de julio no ha podido ser más intenso. Ha sido el mes de redescubrir hasta dónde llego con la radio a cuestas, en el estudio P de la Cadena Cope. Es el mes de verme reflejado en chavales que vienen a la redacción con la misma expectación con la que entré yo hace ya nueve años. Y el de acordarme de mis primeros pasos de la mano de Nacho, Raúl y Alberto en los estudios de la avenida Modesto Lafuente. Es el mes en el que cada fin de semana se convierte en unas minivacaciones que piden que lleguen ya "las de verdad".
Ha sido el mes en el que he descubierto rincones de Castilla y León que jamás pensé que estaban ahí. Benditas pozas de Gredos, entre tanto enclave natural y carreteras de mil demonios que acaban o en un pantano ante el que soltar cuatro voces o en cualquier chiringuito de piscina natural en torno al que labrar conversaciones inéditas con la gente de siempre.
Ha sido el mes de los reencuentros en nuestra Palencia querida, de la comida de casa, de la sandía de la frutería del barrio, de los planes baratos, y de la paz que sólo nosotros apreciamos cuando la encontramos en nuestra ciudad.
También ha sido el julio de preguntarse por qué las tragedias toman tanto cuerpo en verano. Si antes de ayer fue un tren por Galicia, hace unos años era otro en Villada. Y ni qué decir de esa conocida que ha volado a Tenerife sin que la mente quiera acordarse del avión que se quedó en Barajas con tantos caminos por hacer.
Es el mes del calor, el mes del buen tiempo y las buenas caras. El mes de los planes, el mes de las rebajas. Es el mes de la cerveza muy fría y del ventilador en casa. El de las tormentas de verano, el del olor poderoso a humedad cuando llueve. El de las camisetas de tirantes, el de descubrir por la Calle Mayor que cualquier mujer es más atractiva que muchas Miss-Palencias importadas de otras tierras lejanas. Es el mes previo a otro similar. O mejor.
Vuelve a ser el mes en el que me propongo volver a escribir más a menudo en esta bitácora palentina.

26 junio 2013

Tras la calma, llega más calma

Así me ocurre, que me paso más de un mes sin pasarme por el blog. Cuando estoy varias semanas sin acercarme por Palencia, pierdo la noción de lo que es nuevo y lo que no. En mi última visita ya se estaban colocando algunas de esas luces blancas que abren el debate de si, por la noche, se ve o no. Las luces blancas me recuerdan siempre a las de los pueblos, lo cual no es necesariamente malo. Si dicen que, con ellas, se ahorra, bienvenidas sean. Yo soy de los que por mi casa puedo ir desde la puerta hasta el dormitorio a oscuras pasando por la cocina y el cuarto de baño.
A fin de cuentas, por cambios de esos son por los que perdura un Alcalde en la memoria, ahora que se han cumplido dos años del 'Polancazo'. ¿Qué hizo tal Alcalde: hizo buena gestión? ¡Y qué más da, llenó Palencia de rotondas! ¿Y el otro? ¡Levantó cuarenta veces la Calle Mayor! Y así sucesivamente. Bien por la crisis, bien por la inexperiencia previa, pero Palencia parece una ciudad en punto muerto condenada a seguir en punto muerto una temporada más.
Sólo nos saca de la monotonía lo de siempre: un suceso. Primero fue Vanesa Guzón y los errores de los funcionarios al más puro estilo 'Infanta Cristina' (la táctica conocida como 'escurrir el bulto' o 'pasar el muerto' = hacemos como que no pasa nada). Y ésta vez ha sido el incendio de la calle Díaz Caneja. Es lo que nos pone en órbita de los informativos y la gente nos pregunta.
¡Ah, y otra cosa!: la ausencia de fútbol 'nacional'. Es lo que tiene trabajar en deportes: que te preguntan por la senadora popular que no habla Marta Domínguez, de la cual no voy a decir nada que no sepamos ya, y por el fútbol. Recientemente, ha desaparecido el Salamanca de una forma parecida a la que desapareció el Palencia. Ahora trata de recoger el testigo un tal Atlético Recreativo Deportivo de Fútbol Palencia de Todos los Santos 1929. Un equipo que cambia ligeramente el escudo y trata de llevar en sí el espíritu del Palencia desaparecido. El problema es que este club es nuevo y parte de cero. Todos sabemos que nuestro Palencia, nuestro referente, hubo un día que enfermó hasta que se marchó. Bromas aparte con el nombre, toda la suerte del mundo para el nuevo equipo. En mi TL de Twitter prima y pesa la Preferente, una categoría que, cuanto más se conoce, más gusta (creo que como todo en la vida). Y puede ser igual de apasionante ver cómo equipos modestos como el CD Palencia, el Villamuriel o el Velilla, con más ilusión que dinero, ya piensan en dar la campanada la próxima temporada.
Y todo esto venía por que no pasa nada y me paso un mes sin actualizar el blog. Por mi madre sé (el mal tiempo la lleva los demonios) que el invierno se ha hecho largo, como en toda España. Confío que el buen tiempo ayude a pasar mejor el bache que nos afecta a todos y que, al buen tiempo también haya buena cara. Tras unas semanas en las que, a kilómetros de distancia, parece que no haya pasado nada, que a calma le suceda más calma no es del todo malo.

19 mayo 2013

Fomento saca la recortada

IMAGEN: El País
Palencia parece que, de entrada, se libra de la escabechina que prepara Fomento para empezar a 'cargarse' líneas de tren de media distancia. Castilla y León no sale bien parada en los últimos informes del Ministerio, y con un razonamiento tan cierto como discutible: ¿a quién le conviene mantener una estructura como un ferrocarril en poblaciones tan poco habitadas? Que nuestra región sufre el mal de la despoblación no es de ayer, pero tampoco parece haberle importado a nuestras instituciones y gobiernos. Por otra parte, si pensamos que un servicio público está para servir porque su coste sale de nuestros impuestos y que no tiene por qué ser rentable, el debate está servido.
Lo que tampoco es normal es el maltrato que este nuevo Fomento, desde el minuto uno, le da a este servicio. Si hace poco, un billete sencillo Madrid-Palencia costaba poco más de 20 euros, ahora, con las nuevas tarifas de Renfe (con las que se trata de vender un montón de chollos, ofertas y ventajas), lo cierto es que un MD entre las dos capitales en un tren que tarda tres horas, ahora cuesta 29 €. Por 11 € más, uno se coge un Alvia... Pero hay que  tenerlos.

No me queda ninguna duda de que invitar a la gente a utilizar la Alta Velocidad, que sigue siendo cara, en un país de parados y gente con pocos recursos, es un error. La desocupación de los trenes seguirá siendo la excusa para seguir recortando, si es que la dicha es oportuna.
La alternativa: el bus. Ida y vuelta cuesta en torno a 35 €. El problema: que el 'gordo' de 'Alsas' se queda en Valladolid.
Y la nueva alternativa: internet. Existen algunas páginas web, del estilo BlaBlaCar o Amovens, en las que los usuarios que hagan el trayecto en coche, puedan compartirlo por precios relativamente módicos. Y digo relativamente porque, rastreando, he llegado a ver quien cobraba 22 € por trayecto, más que un billete sencillo de bus. Como todo, se le pueden encontrar ventajas e inconvenientes, pero no deja de ser una idea nueva en la que el pueblo construye por su cuenta cuando se le destruye. No descarto que en 2014 toda la gente que ahora ofrece su coche tenga que rendir cuentas ante Hacienda por ello.

08 mayo 2013

La austeridad es la antesala en la que descansa el miedo

Toca austeridad. También en cuanto a fotos. Quizás este artículo debiera ilustrarlo con una foto de ellos, de los que, incluso con trabajo, están pasando momentos de agobio. Ni qué contar de los que no lo tienen. Son gente cercana. Otra vez.
El pasado fin de semana por Palencia, cargado de encuentros con la gente que merece la pena, me dejó algunas sensaciones extrañas.
Justo hoy me comenta una compañera que un familiar que tiene en Venezuela, donde los secuestros exprés están a la orden del día y donde "te tienes que llevar el móvil en los calzoncillos y no puedes comprar un coche nuevo porque te lo roban", que dice que ojalá tuvieran allí la crisis que hay en España, donde las terrazas, con el calor, seguirán llenas.
Aquí ya se sabe que la demanda de caridad se ha disparado, y la buena fe de la gente de este país, que a veces peca de blanda, impide que el número de atracos se haya disparado alarmantemente o que las escenas propias de otros países sean más visibles.
La gente no gasta. Son matemáticas de 3º de la malograda EGB: si gano menos y pago más, ¿cuánto dinero me queda? Luego, cierran los locales y es la pescadilla que se muerde la cola.
Y es que, sí, hay locales que han cerrado, el café que me tomé con un amigo en un bar tuvo una despedida por parte del camarero con gesto de rendición, de que "esto no va bien." Se asume que pinta gris. Se siente el peligro y juegan con nuestro miedo.
El miedo quizás un día se transforme en rabia, o en odio, o en un sin-compasión. Pero no podemos vivir con miedo toda la vida, porque el mal rato va para largo. La austeridad es la antesala en la que descansa el miedo.
Sigamos soñando con aquello de un mundo mejor, pero que lleguemos con la lección aprendida.