Palencia Entre Líneas

Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.

17 julio 2012

Un día hace quince años

No es que uno recuerde la fecha como el día de su cumpleaños, pero aquello, en sí, perdudará de por vida en nuestras memorias. Leyendo 'El Norte' caigo en que, efectivamente, ya han pasado quince años desde que los vecinos de Pan y Guindas fuéramos testigos de la inundación de nuestras calles. Así, por sorpresa. Un buen puñado de chavales lo teníamos todo preparado para poner rumbo, desde San Marco, hacia algún pueblo del norte de la provincia al ya mítico campamento del Movimiento Junior (era lo único que ocupaba nuestras cabezas los días previos). Precisamente San Marco, desde donde saldría el bus, se llevó la peor parte. Dos tardes antes de que nuestra particular aventura de verano comenzara, una tarde de lluvia normal, como la de cualquier día, provocó el atasco y posterior desborde del arroyo de Villalobón. La acequia no tragó y el Vial comenzó a encharcarse. Los charcos crecieron y el agua entró, de lleno, en el barrio. Antes de darnos cuenta, las aceras ya estaban cubiertas y los edificios rodeados. Los conductores se apresuraron a sacar sus vehículos de las cocheras. Quienes tenían calzado adecuado, retrasaban en las calles el momento de subir a sus casas... Hasta que no les quedó más remedio. Se fue la luz y el teléfono funcionaba a medias. La información que nos llegaba, a través de los informativos locales, era a través de las radios con pilas. Los que tenían vitrocerámica tiraban de conservas o del vecino que prestaba el gas.
Los pisos bajos peligraban porque el agua llegó hasta la altura de sus casas. En Reyes Católicos, la situación era más preocupante, con el tapón que hacía el muro que cerca las vías del tren. Mi prima, entonces de unos 9 ó 10 años, lloraba porque su padre aún no había podido llegar a casa y su madre trataba de llamar a sus cuñados, en la otra punta del barrio, cuando ya era imposible apenas salir más allá del portal.
Con la oscuridad, nadie podía dormir. Los vecinos descansaban apoyados en sus ventanas, vigilando que el nivel del agua no subiera, y que nadie del barrio tuviera que recibir asistencia. Los bomberos nos hablaban a través de megáfonos, y la ausencia de tragedias personales hacía que hasta la gente se lo tomara con cierto humor y filosofía. Con la tranquilidad, cambiamos las ventanas por un ratito de cama. Sólo un ratito, por si acaso la noche nos dejaba alguna sorpresa desagradable.
Al día siguiente, hubo quien sacó su barquito o su piragua. Y quienes se pusieron un traje completamente impermeable para dar su paseo, teniendo en cuenta que la piscina apenas cubría un metro y medio. Los bancos se colocaron sobre las alcantarillas ahogadas, los coches aparcados ondeaban y los contenedores de papel y vidrio flotaban cual balsa de madera.
Cuando el nivel del agua fue bajando, quedaba una inmensa capa de lodo, y las dudas de los comerciantes con sus locales.
Los bomberos dedicaban horas a extraer el agua de las cocheras y rescataban los coches, completamente inutilizados, de quienes no habían podido llegar a tiempo. Protección Civil se pudo acercar piso por piso preguntando si todo estaba en orden. Y el detalle: nos regalaron dos velas rojas, de las medianas, por aquello de la falta de luz.
Y sí: pasado todo, con dos días de retraso de retraso, pudimos ir al campamento. El grupo de los mayores hicimos una parodia del "Tractor Amarillo" para el día de los padres: "Toda Palencia se ha inundado, porque una acequia ha reventado. El agua llegaba hasta el techo, pero el daño ya estaba hecho..." Hoy, quince años después, como apunta el artículo de 'El Norte', la muesca se sigue viendo. Las columnas grises de la Calle Maldonado, y el tramo de rojo desteñido que viste los edificios nos recuerda que, un día, el agua llego hasta ahí. Un día hace ya quince años.

1 comentarios:

A las 17/7/12 13:21 , Anonymous Anónimo ha dicho...

Y parece que fue ayer!!!! 15 años ya...

 

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