Palencia Entre Líneas

Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.

11 septiembre 2017

No va a ser cuestión de la edad

Años atrás, no era raro el típico tío de familia (o cuñado en su defecto) que te decía por sanantolines:
- Yo esto de las casetas, cada vez me gusta menos. En un bar te cuestan lo mismo y te ponen vaso de cristal, la caña es caña y te puedes hasta sentar.
Sería la edad, pensaba yo. Con lo que molaba ir de casetas... Igual era, simplemente, la novedad... ¡Tapas a patadas en Palencia! ¿Dónde había que firmar?
(Nota del autor: sigo sabiendo de bares donde una coca-cola es una coca-cola. Es decir, sin patatas fritas de bolsa ni cacahuetes o similar, seré especialito. Ya no digo algo con pan).
En mi grupo de amigos ya estamos en la treintena: algunos empezando a cumplirla y, otros, con años por delante. El caso es que ya venimos arrastrando el malestar ése del que hablaban nuestros tíos, y empujados por años anteriores, decidimos este año empezar nuestra ruta de tapeo por bares "de sentarse".
¡Ni qué decir que descubrir la carpa del Hotel Rey Sancho fue todo un acontecimiento! O las tapas del Tierra de Sabor o la del cada vez más mítico Bocados Gastrobar. ¡Si es que hasta en Pan y Guindas teníamos tapas que se sumaban a la fiesta!
Y, por aquello de darle la oportunidad a nuestras sanantolineras  casetas, aprovechando la visita a Palencia de un viejo amigo, echamos una cerveza en la populosa plaza de Pío XII: la tosta de pimientos de Torquemada con Anchoas del Cantábrico y Tomate de huerta palentina del Casco Viejo estaba muy buena, pero nuestros cerebros de treintañeros se activaron en la zona que regula la lógica y dijimos: "casetas nunca mais". Sin ser el día (ni el momento) de mayor afluencia, vimos dos personas con nervios en la barra porque no les atendían, camareros explicando qué áreas de la barra atienden ellos, un vaso de vino peleón y dos cañas mitad cerveza/mitad espuma. Los refrescos, de lata.
Jóvenes, llamadme viejo, pero creo que esta vez no es cuestión de la edad. Nuestros próximos sanantolines ya tienen ruta marcada. Y no es porque lo dijera mi tío, al que no le faltaba razón.

16 julio 2017

La dureza detrás de la barra

Las 'masterchefadas' y demás sucedáneos de éxito en televisión nos recuerdan, curiosamente, la importancia de la vocación a la hora de hacer el trabajo que nos gusta. Y ese trabajo, que con pasión puede ser bonito, no deja de ser duro. La hostelería, desde el que cocina hasta el que está detrás la barra, es una profesión llena de dureza, y Palencia está llena de ellos.
Muchos son hosteleros 'de toda la vida'. Todos, por diversas circunstancias, un día empezaron, aprendieron y no han querido o no han sabido dejarlo. De toda la vida, meterte tras una barra era el destino perfecto para quien no quería estudiar. Para servir refrescos, cafés y copas, tomar comandas o prepararlas, basta un jefe que enseñe cómo se hacen las cosas. Incluso para la cocina sobra que alguien enseñe a hacer las cosas, aunque ahora la ciencia infusa que lo rodea lleve a másteres y otros menesteres académicos.
Por mucha vocación que pueda haber, la hostelería suele conllevar en el trabajo tensión, proveedores, vida desordenada, madrugones y madrugadas, y broncas como forma de relacionarse. Todo sea por la "felicidad del cliente", que es la que lleva el dinero a casa.
Me llaman la atención los bares de barrio, alejados del objetivo de las Estrellas Michelín, con sus tapas de barra, donde suele reunirse gente del mismo barrio, puntos de encuentro en los que otros muchos 'curritos', como los propios camareros, y un puñado de parados se reúnen para ver el fútbol, echar la partida, saludarse, ver la prensa local y deportiva o ver la tele en lo que echan su trago de café con gotas, su cerveza, su chupito de media tarde o su cubata a tres o cuatro euros, antes de subir a casa o cualquier otra circunstancia que les lleve hasta ahí, como tiempo y medio de desconexión de su vida.
En esos pequeños locales, el sacrificio es constante, con familias que acaban involucradas en el día a día del pequeño empresario. El camarero hace, en algunos casos, de psicólogo, de máquina del cambio, de banquero, de guardia civil en su bar, de consejero espiritual, de guardián de secretos, de limpiador, de relaciones públicas, de amigo, de colega, de conocido. Luego llega a casa, y a él, ¿quién le entiende? Unos hacen más dinero y otros, menos. Acaban por no conocer otra forma de vida.
Empatizo con los camareros (he conocido un buen puñado de ellos), y les comparo con los periodistas: somos un poco 'secta', nos entendemos entre nosotros, tenemos todos los vicios, trasnochamos, nos refugiamos entre nosotros, vivimos en nuestro mundo paralelo al mundo que vemos normal, en el que la gente hace cosas normales, tiene vidas normales, vacaciones normales, sueldos normales y todo más normal desde nuestro punto de vista. Los camareros recomiendan a sus hijos que nunca sean camareros como los periodistas recomiendan a sus hijos que nunca sean periodistas.
Precisamente en los bares, cuando conversas con gente de ese mundo normal y te cuentan la película de sus vidas y sus trabajos, es cuando te das cuenta de que no estamos tan distanciados, y el que más o el que menos, viene con su pedrada de serie. Lo mejor que puedes hacer es escuchar a tus amigos, y no olvidar ser amable con esa persona de detrás de la barra.

12 junio 2017

El milagro del Cristo

IMAGEN: @albarcelonista
De todos los barrios de Palencia, hay uno, el barrio del Cristo, al que el fútbol siempre le ha sentado bien. Es un barrio "de gitanos", que dirían muchos palentinos, tirando de tópicos. ¡Y claro que algunos jugaron en los equipos de la cantera! 
Sabemos que de San Telmo salió Diego León y de San Juanillo, Sergio Asenjo. Pero el Cristo Atlético, quizás por presupuesto, cantera, acuerdos con el histórico CF Palencia, o lo que sea, ha sabido mantenerse un paso por delante, en ese berenjenal de campos de tierra de la región, empezando por lo que fue el propio Campo del Otero.
Hasta que un día, ascendió a Tercera. Y, como el CD Becerril, se encontró con un tren que le llevaba más lejos de lo previsto hasta entonces. Y hoy se puede decir que el Cristo Atlético ha terminado de conquistar, por méritos propios, a la afición palentina.
En la etapa de los fichajes que rondan los 100 millones de euros tres categorías por encima, es difícil imaginarse cómo un club modesto, con un puñado de chavales jóvenes de la tierra (y algunos, de fuera), y más ilusión que dinero, se ha quedado a un paso de la final por el ascenso a Segunda B. Todo, sin ser el principal representante futbolístico de una ciudad de menos de 80.000 habitantes.
Cuando uno lee una conversación como ésta con Juan Julián Martín, el director deportivo, es más fácil entenderlo. Y algo tendrá que ver el trabajo de Lolo en el banquillo, un hombre muy de la casa, de la tierra, que conoce como pocos el fútbol regional y, en concreto, el palentino.
Sin quererlo, el Cristo ha logrado lo que tantas veces intentó el desaparecido CF Palencia, en su lucha por subir a Segunda B en los 90 y que tanto se hizo de rogar.
Quizás, la temporada que viene, todo siga igual, y al Cristo le sigan, cada fin de semana, el puñado de locos que sienten el club o tienen algún motivo que les lleva a querer al equipo... A sabiendas de que lograr la machada de este año será más difícil tal y cómo pinta el próximo grupo VIII de Tercera División. 
Pero no cabe duda de que este club ha provocado el nervio y el gusanillo a muchos aficionados palentinos que le han considerado hasta ahora como uno más, como un hermano pequeño del fútbol de la capital, y que se han encontrado con una chispa de emoción futbolística de las que está necesitada nuestra ciudad. 
Porque estas victorias, aunque acaben con derrota en la muerte súbita, son un grito con la cabeza en alto de 'se puede'. Sin excesivo dinero, sin demasiado apoyo, sin tampoco mucha certidumbre pero con trabajo, los milagros a veces, se producen. Y sientan una base de experiencia para seguir creyendo en las cosas que se hacen bien. ¡Felicidades, chavales!

25 mayo 2017

Palencia es para nacer o para morir

Conversación reciente, nada halagüeña, con un profesional palentino de la hostelería, de los buenos, además, que me decía: «Acabaré traspasando el negocio. He tenido la oportunidad de montar algo fuera y la conclusión es que hay vida más allá de Palencia. ¿Sabías que en Madrid hay un bar por cada 500 personas y, en Palencia, uno por cada 150? Calcula la de bares que tienen que cerrar en los próximos años. Aquí, llega Semana Santa, por ejemplo, y estás vendido. Palencia es una ciudad de trabajadores. Si la gente no sale, no consume. Y si trabaja, cuando se juntan tres días, se marchan lejos, a desconectar, como es normal».
Y tiene más razón que un santo. Me lo dice un empresario joven, con ganas de comerse el mundo, que le ha puesto tanta ilusión como esfuerzo a todo lo que ha hecho, hasta ahora, en su vida. Le viene de sangre, todo sea dicho, de familia currante, de los que, con esfuerzo, producen.
Me da lástima el escenario, Palencia. La historia recuerda a la de los pueblos de su provincia: los que, por circunstancias socio-económicas, acaban desapareciendo. Y su mal no es sólo local: que nacen menos niños, es evidente. Que regresan muchos inmigrantes, es otra realidad. Que la economía está muy resentida, es tal cual.
Quién sabe si estamos condenados, con resignación, a procurarle a nuestra ciudad un envejecimiento dulce. Que no se renuncie a nada, que se siga trabajando duro por la ciudad, pero sabiendo que la pirámide de población y las expectativas de que los jóvenes se queden nos clavan un buen revés.
Y sin dejar de pensar que los milagros existen y, a veces, se trabajan. Deseo que Palencia sea apetecible por mucho tiempo y vaya más allá de aquello a lo que parece condenada: una ciudad para jubilados, trabajadores y sus hijos estudiantes. Una ciudad para nacer o para morir.

09 mayo 2017

Nunca un descenso fue tan esperado

Este domingo, el CD Palencia descendía a Tercera División. No ha supuesto ninguna sorpresa. La temporada no ha podido ser un cúmulo mayor de despropósitos extradeportivos que han afectado, de forma muy directa, a la marcha deportiva.
Varios socios han resumido muy bien en las redes sociales todo lo que ha pasado: un golpe, y luego otro, y luego otro, y luego otro. El club, de rodillas, malherido y desorientado, ha terminado descendiendo.
Muchos, entre los que me incluyo, el descenso lo vemos como la forma de que se haga una limpia, como un mal necesario para devolver a su génesis al club nacido bajo el lema 'no al fútbol moderno'. 
La mafia sigue en el empeño de convertir, de forma unilateral, el club en SAD. Lo que quiere el invasor, perdón, el inversor, Serrano, es simplemente dinero. Serrano sigue dando tumbos por la Tercera División española en busca de su gallina de los huevos de oro, sin saber que el fútbol modesto da para lo que da, y sin ser consciente de que la inversión extranjera está llena de parches peligrosos para una burbuja que, si no explota, es porque los más grandes del fútbol español logran hincharla más y más. Si un Palencia diese dinero, ¿no habría tortas entre los Ali Syed y los Al Thani de turno?
Parece mentira que, en el año en el que debían esperarse más ingresos, más apoyos, más visibilidad, más disfrute, haya ocurrido en el club todo lo contrario. A diferencia del extinto y querídisimo CF Palencia, el 'Dépor' sigue con vida. Dicen que, mientras hay vida, hay esperanza. Cuando se reconduzca la situación, si es que al rehén no terminan de ahogarlo, tiempo habrá de seguir corrigiendo errores y buscar la forma de crecer, y que, de nuevo, Palencia se identifique con una fuerza tan grande como es el fútbol... Como ocurre en Almendralejo, en Huelva o en Badajoz. ¡Qué camino tan largo queda para llegar a eso! (Envidia sana).
En el otro lado de la moneda, en la cara en este caso, en el Grupo VIII de Tercera División, está el modestísimo Cristo Atlético. Es el ejemplo claro de que, en Tercera, no hacen falta Smashing Rules ni fichajes estratosféricos ni empresas extraordinarias para ilusionar a toda una afición, sea ésta de 100 o de 500 locos. Basta un equipo de chavales "de por la zona", con un entrenador como Lolo, y con un trabajo consistente para demostrar que soñar es posible.
Es un guión parecido al que vivió el CD Palencia que se metió en los play-off de ascenso a Segunda B. 
Serrano, atiende: la fórmula del éxito te la están regalando. Serrano, lo sencillo y bien hecho, funciona y da alegrías... A ganar dinero, a La Bolsa de Madrid.

29 marzo 2017

Bucle de interrogantes

El futuro más inmediato es una tremenda incertidumbre. Quizás tanto la crisis, como los efectos colaterales, que aún perduran, es de las pocas cosas que permiten que los problemas locales se extrapolen a los generales y viceversa.
La población sigue envejeciendo, sigue habiendo mucho negocio de quita y pon, demasiados locales comerciales vacíos, crisis de educación, avasallamiento tecnológico, muchos interrogantes en las cabezas de los jóvenes, y el 'Despacito' como banda sonora del momento ya sea en la madrileña Kapital o en el palentino Ágora.
El retrato vale para Madrid y también para nuestra modesta Palencia. En ellas, los adolescentes le dan vueltas a qué trabajo tendrá más salidas, los veinteañeros tratarán de buscar su lugar en el mundo y los treintañeros nos preguntamos si estamos en el camino correcto o si aún están cosas por pasarnos.
Este mes, en el programa 'Especial cinco años de El Arambol' (ACUP Radio, les tengo aprecio por el buen trabajo que hacen), les preguntaban a los invitados cómo se imaginaban Palencia dentro de otros cinco años, y ninguno era optimista.
Y se da que muchos de los emigrados a Madrid (no sólo palentinos) nos hemos preguntado ¿y si algún día volvemos a nuestra tierra? Al final, muchos trabajos tienen los mismos procederes aquí y en Cuenca. Con la enorme ventaja de, en el caso de Palencia, en comparación con la capital de España, pagar muchos menos impuestos y vivir más barato y con más calidad de vida.
Sin embargo, la realidad no hace más que devolver interrogantes. ¿De verdad, comprar pisos y coches... o alquilarlos? ¿Quedarme como estoy? ¿Seguir formándome, aunque me cueste dinero? ¿Y si el dinero 'peta'? ¿Cuesta mucho dinero mantener una familia? ¿Y si hay nuevas elecciones? ¿Nos vamos todos a la vez? ¿Por dónde pasan las oportunidades? ¿De quién me fío?
Ese extraño ritual de preguntarle a la almohada y recibir inspiración divina no provoca sino un boomerang de nuevas dudas y acabas obligado a fiarte de tus propias certezas: nada te garantiza nada. Toca estar abiertos a todo, a lo mejor y a lo peor, al frío y al calor. Los imprevistos existen y están de moda: Brexit, Trump o Podemos y demás imposibles para quienes hacen previsiones con datos.
Quizás ese bucle de interrogantes también sea propio de la treintena... O de una pedrada personal, aunque me consta que no soy el único que la sufre. En cualquier caso, Carpe Diem... Donde sea, pero Carpe Diem.

20 febrero 2017

Una semana feliz

IMAGEN: 'El Arambol'
Vengo de una semana muy buena: sorpresiva, reconfortante y tremendamente agradable.
Agradezco la posibilidad que, el lunes, con el Día Mundial de la Radio, me brindaron los amigos de 'El Arambol', en Acup Radio, de formar parte del modesto homenaje a nuestro medio que brindaron desde la emisora universitaria. 
Tan grande fue el homenaje que, en Cope, reunió a tres históricos de la radio española, como el que pueden realizar gente como Samuel, los dos Raúles, Natalia o Jesús, con casi 150 semanas de radio local con gusto hecha por puro amor al arte.
En sus estudios, in situ, estaba Leonor Ramos, compañera de profesión con la que hacía tiempo que no charlaba y que vistió los colores de la camiseta de mi querida Cope Palencia. Me dicen, por cierto, que va muy bien de salud, por lo que me alegro mucho. Siguen sin ser demasiados buenos tiempos para las locales.
La semana culminó con un regreso a mi capital preferida, que apetecía. Mantuve algunos reencuentros inesperados que me llenaron profundamente. Cuando pasa tanto tiempo y ciertas personas reaparecen, aunque sea en la puerta de un bar y para una puesta a punto en minuto y medio, es una satisfacción enorme que me hace ver que algo bien se hizo en el pasado.
Entre tanto, no hace falta esperar que pasen demasiadas cosas para darse cuenta uno de que, muchas veces, la mejor de las alegrías es ver que todo sigue bien, sin sobresaltos.
Con dosis de cariño tan grandes es imposible no querer sentirse más palentino. Ya he dicho anteriormente que Palencia es, además de la ciudad en sí, la gente que le da vida. Ojalá estuviese más cerca de Madrid.

05 febrero 2017

Una de maestras

Me contaba una amiga, palentina y en el exilio, que estaba conociendo a una compañera nueva de trabajo y, lógicamente, surgió la pregunta de:
- ¿Y tú de dónde eres?
- ¿Yo? De Palencia.
Hasta ahí todo normal de no ser por la siguiente pregunta:
- ¿Y Palencia dónde está?
La conversación pasa de ser normal a abominable si, al contextualizar el diálogo, puntualizamos que las dos interlocutoras son Maestras en Educación Infantil. Maestra, Educación, Derecho Básico, Pilar de un País, Estado o Nación.
Claro que, por edad, los niños a cargo de esa Maestra no tendrán la necesidad de preguntarle dónde está Palencia. Esos mismos niños, con 20 años más, también podrán triunfar en la vida o, mejor dicho, ganar mucho dinero, pasando por Gran Hermano, por algún Talk-Show, por concursar en algún programa excepto en Saber y Ganar, o sabiendo exhibirse en cualquier plataforma popular de internet. Para eso, no hace falta ya no saber dónde está Palencia, sino escribir o comprender una simple lectura. Pero si la pregunta es '¿se puede ser Maestro sin saber situar a Palencia en España?', respondería que 'no'.
En mi memoria, el trabajo impecable de mi profesora de 5º de EGB, Pilar Lobera, que nos iba haciendo aprendernos las provincias por Comunidades y nos iba preguntando, entre otras muchas cosas, a lo largo del curso. Quien no sabía la respuesta, la copiaba diez veces. Quizás, por ese fallo, jamás olvidaré que Albacete está en Castilla La Mancha. Y que me perdonen dos albaceteños de pro: María José Navarro y Pedro Sáinz de Baranda, compañeros de Cope.
Entiendo que los becarios más jóvenes que llegan a deportes no tengan muy claro quién es Fermín Cacho, el gol de Mijatovic no les diga nada (por muy del Madrid que sean) o sepan algo de Induráin 'de oídas'. Pero España se aprende en los Colegios, en la Educación General Básica. La ESO retuvo a la gente dos años más en los institutos, pero no impidió que los que no estaban por la labor, acabaran buscándose la vida de otra manera. Y, ahora, aunque la gente tenga carreras, sabe menos. Quizás porque las dudas las resuelve Google, no hace falta memorizar demasiado, ni tan siquiera saber demasiado. Fiamos nuestro cerebro a internet. Y cuando pasa algo, protestamos en Twitter. Yo también protesto en Twitter, el blog está sobrevalorado. Pero sé situar las 52 provincias de España en su sitio y sé a qué Comunidad Autónoma pertenecen. Cultura mínima, que dicen.

29 diciembre 2016

La publicidad de las compras y del aire

IMAGEN: El Norte de Castilla
¡Lo importante que es aparecer en el mapa! Quizás, con esa motivación, Palencia ha invertido en promocionarse tanto en Chamartín como en Sarriko, de momento, en una novedosa campaña de nuestras instituciones. Sin embargo, el hecho de ver un cartelón de publicidad con el nombre de Palencia nos acaba seduciendo más a los palentinos exiliados que a los 'target' de dichos paneles.
La idea es buena, pero el tiro creo que sale cruzado. La parte del turismo y la gastronomía es siempre correcta. Y es verdad que el que no arriesga, no gana, pero opino que es tremendamente difícil seducir a los madrileños (y residentes) con nuestras opciones para hacer compras, por 65 € que vale el tren de ida y vuelta, cuando Madrid es la panacea del 'shopping', pese a que mí me siga rechiflando dejarme el dinero en el comercio palentino, siempre que puedo, y a mí me valga el lema de "Palencia, ciudad de compras".
Como lo mismo creo que también se cruza el tiro cuando se vende aire puro en Bilbao, donde al asomarse uno por la ventana, raro es que no haya una montaña cerca.
Curiosamente, tal como anda el panorama estos días, el aire puro se vende mejor en la agitada y contaminada Madrid, y lo de las compras en Bilbao, ¿pues quién sabe? Yo nunca he ido de compras a Bilbao, y sí a ver el Guggenheim y cenar unos pintxos.
El caso es que las dos cosas que se publicitan son tan ciertas como la vida misma y en estos días navideños no puedo echar más de menos tanto un aire más respirable como una ciudad muchísimo más fácil y hasta más económica para hacer las compras de Navidad.
En pleno 2016, sigo pensando que la mejor publicidad es el 'boca a boca' de los foros en Internet y páginas de opinión y que las instituciones, aparte de seguir esforzándose por pintarnos en los mapas mudos cerebrales de quienes no saben dónde estamos, deben hacer que el turista tenga una visita fácil, no: facilísima. Apepés, webs, redes sociales... Los recursos están al alcance de cualquiera y vale más un buen 'Community Manager' que un cartelón.
Seguramente haya detrás de esta campaña un "Si Madrid no viene a Palencia, que sea Palencia la que vaya a Madrid" (y lo mismo con Bilbao), al más puro 'estilo Mahoma'. El problema de esta situación es que somos muchos los que nos vamos a Madrid... para quedarnos. A efectos de publicidad, salimos ganando: los palentinos con los que me relaciono son muy buenos embajadores de lo nuestro, pero quizás, en todo esto, haya una cuestión más profunda: que muchos de los que se bajan en Palencia no lo hacen para quedarse.

30 noviembre 2016

Secuestro y prostitución de un club

Puede ser que el hombre tropiece con facilidad dos veces en la misma piedra. Pero no es mi objetivo filosofar sobre la condición humana, sino recordar que hay gente que, con el simple interés de su beneficio personal, está dispuesta a hacer las cosas mal, aún perjudicando a terceras personas. Y aunque sea repitiendo errores del pasado.
El último capítulo del CD Palencia, creado por y para socios, bajo el lema de "No al fútbol moderno", recuerda al proceso que acabó forzando la desaparición del añoradísimo CF Palencia. Las ganas de convertirle en SAD le condujeron a un coma eterno.
La cadena de errores forzados que ha cometido la directiva del nuevo club morado para transformarlo en Sociedad Anónima ha sido de traca. Y digo de traca porque han ninguneado tanto los Estatutos como al Senado el club. Es como quien aprueba una Ley pasándose por el arco del triunfo la Constitución y la mayoría absoluta.
Su actual presidente, Javier Rodríguez, es la típica figura del traidor del cine de guerrillas, el que está en tu trinchera pero resulta ser del ejército contrario. Porque no son normales tantas cosas que han pasado sin que haya asumido un sólo error, y cuando tiene que dar la cara en la Asamblea, sale corriendo como si le persiguieran. Al presidente inerte lo único que le interesaba era tener al club atado de manos y pies en lo que llegaba Francisco Serrano, el 'chungo' del film, el que promete que el dinero va a llegar, aún a base de cargárselo todo.
Y así queda el Club Deportivo Palencia: engañado, traicionado, maniatado, prostituido y, ahora, será vendido... Y no necesariamente al mejor postor. Ahí está el dinero chino en nuestro fútbol, haciendo aguas con el Rayo, con el Valencia, con el Espanyol, con el Granada... Todo buenas noticias, sin importarnos que el pagador sepa hablar castellano. Sin importarnos que el chino que paga sepa situar a Palencia en el mapa: "¿Paella, paella? ¡Jajaja!"
Las esperanzas de recuperar al club en los Tribunales no son claras, ni mucho menos rápidas y casi ni halagüeñas, por aquello de la Justicia. Me duele lo que se ha hecho con una entidad deportiva que lleva el nombre de mi ciudad, que nació con una ilusión en la que el sueño se ha vuelto a convertir en pesadilla. Don Dinero por delante. La cabeza, por detrás. Y seguirá sin pasar nada aunque el camino vaya quedando lleno de cadáveres. Así nos va.

21 noviembre 2016

La necesidad de la prensa local

Que dos periódicos de tirada diaria sobrevivan en nuestra provincia en formato papel me parece digno de destacar. Y ya no sólo por el hecho en sí de cumplir números, sino de ser rentable y dar de comer a quienes le dan forma detrás del escenario.
Dicen que el presente pasa por lo digital, por eso creo que celebrar en buena forma 135 años de papel es todo un acontecimiento. El suplemento que se entregaba hace unos días, en el viernes en que festejó el aniversario con una Gala, es una mirada al presente y, sobre todo, un ventanal gigante al pasado.
Volvemos al tópico de que cualquier tiempo pasado parece mejor, más con estos tiempos que corren. En este caso, además, el pasado, o mejor dicho, la historia de Diario Palentino es un elemento suficiente para hacer grande al rotativo. Y precisamente, para recordarlo por siempre, se ha querido hacer la estatua de un vocero, el último eslabón de la cadena justo antes del lector, una figura, como no podía ser de otra forma, del pasado. 
Creo que se mira hacia atrás con tanto orgullo como nostalgia, tan de moda, y sirve para agarrarse a las ganas de seguir haciendo buen periodismo local siendo el referente que se ha sido.
Lamento si alguien piensa que sólo tengo buenas palabras o, incluso, soy pesado y demasiado 'pelota' con este asunto, pero no puedo estar más a favor del periodismo de cercanía. Interesa lo que pasa en el Congreso y lo que pasa en otras Autonomías pero, tanto o más, saber si llueve, si me van a poner zona azul, si me van a quitar un autobús, si el Ayuntamiento me va a subir tal impuesto o si el club de mi ciudad la está liando parda. También me interesa la opinión de lo cercano, y las fotografías. Y cuando busco algo histórico, me gusta tirar de hemeroteca más que de libros de historia.
Me interesa que el periodismo local siga vivo, tanto si estoy en Palencia como si estoy en Madrid. Me gusta que las empresas de casa apuesten por él. Me gusta que sigan existiendo historias que contar y gente a la que le interese, además de noticias, que no dejan de ser las crónicas de otras historias que pasan. Me gusta que el periodismo se arriesgue a ir más allá del noticiario purista y perfeccione otros formatos. Me gusta que conviva con lo audiovisual y con redes sociales más inmediatas que el propio periódico, incluso el on-line.
No veremos, salvo criogenización o milagro, el aniversario 270 del periódico. Y por más que nuestros pueblos mueren y nuestra capital envejece, baste mirarle al vocero de frente para recordar que el arte de contar historias es tan antiguo como la propia humanidad. El qué se contará creo que ni se lo imaginan nuestras cabezas.

08 noviembre 2016

El aire que respiramos

El aire, por ahora, es gratis y creo que no lo valoramos lo suficiente. Del aire, el viento: que refresca en verano y renueva las nubes en invierno. Si no es muy intenso, no molesta.
Los alérgicos dependemos de lo que respiramos. Si respiramos pólenes, gramíneas, contaminación o polvo, enfermamos de inmediato. Por eso, no pocas veces, en la misma estación de tren de Palencia, cuando sabemos que tardaremos en volver, no es extraño vernos tomar una bocanada intensa de aire puro, como si fuera lo último bueno que pudiéramos respirar en meses, más simbólica que efectiva.
Cuando Madrid se tira varios días seguidos de secano, el aire se estropea, el centro huele regular y la vista al horizonte regala una barrera gris que impide odas al cielo azul.
Resulta curioso cómo, Madrid y Palencia, tan diferentes, comparten el problema "coche" o, lo que es lo mismo, "tráfico". Carmena le da vueltas a cómo llegar a lo, a mi juicio, inevitable: el momento en que haya que restringir de manera permanente el tráfico a los vehículos privados contamintantes. Palencia ya pasó por la supresión de un paso a nivel, por modificar la O.R.A, por los eternos circuitos urbanos de rotondas y por un servicio de autobuses que, parece, satisface menos que el que había.
Y, sin embargo, en Palencia uno se puede hinchar a aire bueno. O, al menos, mejor que de la "capi". Cuando, en Madrid, te dicen que llueve después de varios días sin hacerlo, tiene que estar, al menos, una hora cayendo agua para que empiece a llover "agua natural", sin que arrastre toda la mierda que jode pulmones y mata peña. Porque la contaminación mata.
Y hasta en los pueblos, nuestros abuelos se quejan de ciertos pesticidas y otros contaminantes que, por varias vías, acaban llegando a las tierras que labraron durante años. Sin embargo, la sensación de subir a una peña y respirar profundo es el mejor de los placebos.
Al sol, por su energía, ya le han puesto precio. Abusemos del aire, por lo que pueda pasar, a ser posible, del bueno. El de Palencia, me lo llevaría en garrafas.

21 octubre 2016

Sobre obras y recibir a la gente

Cuando leo esta semana (véase la portada de Diario Palentino) que lo de hacer reforma en Los Jardinillos es caldo que ya está al fuego, me entra cierta inquietud.
Y es inevitable porque, seguro, no queremos que se repita el desastre del Parque de El Salón con el que, lustros después, muchos palentinos aún nos echamos las manos a la cabeza. Estaría bien que Los Jardinillos se siga llamando Los Jardinillos por algo en concreto. El Salón se sigue llamando El Salón porque, en su día, se le puso ese nombre y no porque exista un Parque isabelino, precioso, identitario, del que sólo quedan unos bancos, una estatua y poco más.
Está bien la idea de hacer más bonito el lugar por el que se le da la bienvenida a los viajeros que llegan en tren. Suena tan poético como desde que se puso en pie, pero alguna ventaja tiene que tener mantener la estación céntrica: no todas las ciudades te dan la bienvenida con un parque en el que tirar algunas fotos, si eres visitante. Si no, no hay más que ver esos parkings inmensos y esas sobredosis de hormigón de otras ciudades a las que ha llegado la Alta Velocidad y que te 'arropan' según sales por la puerta, tan moderno como frío e impersonal. Complejo de país de aeropuertos.
Se trata de un parque pequeño en el que nunca, personalmente, me ha pasado nada. Tampoco conozco a nadie a quien le haya pasado algo, si bien la fama la tiene, sobre todo de noche, con ciertas dosis de rumorología, alguna raya de más o un tintineo de llaves inesperado. Lo que no quita para que, como aquí y en la China, por los alrededores de las estaciones siempre ronde algún paisano un poco fuera de lo normal.
Aprovechemos la oportunidad para hacer algo bonito. No hace falta que apasione, pero tampoco que destroce todo lo que había. La carretera que comunica las dos estaciones, junto al parking, ya le dan amplitud, y las pistas de 'skate' un toque más actual, aunque todo ello le ha quitado un punto de intimidad. Una intimidad, ADN de los parques, que la dan el pequeño auditorio, los recovecos de caminos y bancadas, el palomar, la churrería, el estanque o la locomotora. Que nuestras zonas verdes sigan dándonos ese toque especial y buena fama por mucho tiempo.

06 octubre 2016

Palencia es segura hasta que te toque lo contrario

IMAGEN: Policía.es
En la Festividad de la Policía se viene a recordar que Palencia es segura. De hecho, está entre las ciudades más seguras de España... hasta que te toca lo contrario.
Conozco a quien le han robado el coche a plena luz del día, con la suerte de aparecer, horas después, a punto de ser hecho piezas. Conozco a quien se le han instalado en casa por aquello de que la propietaria acabó en una residencia. Conozco a quien le han atracado en la tienda a punta de navaja. Conozco a quien le han abierto el bolso y le han sacado la cartera. Por conocer, conocía a alguno de los protagonistas de las tristes historias que han salpicado nuestra historia reciente con crímenes de sangre por medio.
Pese a todo, Palencia, repito, es segura. Estoy seguro de que la rutina de un agente de Policía Nacional en nuestra capital puede no tener que ver mucho con la de un agente de Alicante en plena temporada estival o la de un agente en Madrid o Barcelona en cualquier época del año.
Y, aún así, de chaval, todas las precauciones que te hacían tomar tus padres eran pocas. Siempre con cuidado por ciertas calles a oscuras, siempre con cuidado a la salida del colegio, siempre con cuidado por si un señor te llamaba por la calle para que te fueras por él, siempre sabiendo esquivar a los que siempre te pedían dinero "pa mí", y tratar de estar acompañado siempre.
Tal están las cosas de seguras en Palencia que es más fácil que te atropellen o que te la pegues en una rotonda a que te roben.
Pese a que pueda parecer lo contrario, leídas estas líneas, respeto el trabajo de los agentes de la Policía y de la Guardia Civil como respeto el de los médicos, los maestros o cualquer profesional que vive de entregarse a los demás. Siempre pienso que ciertas profesiones y, en concreto, ciertos profesionales, nunca estarán lo suficientemente reconocidas. Quizás esos resbalones, esos huecos, en la tela de seguridad de la que hablo, serían menos con más medios... y no es un tópico, aunque lo parezca.

03 septiembre 2016

La magia de ExpoAire

Una de las actividades que más me gusta hacer en San Antolín es recorrer ExpoAire.
Prefiero la pintura, quizás porque me sea más familiar que la escultura y porque la conocí algo más de cerca. Me admira la cantidad de palentinos que apuestan por el arte como forma de vida, a sabiendas de lo complicado que puede llegar a ser vivir sólo de las creaciones.
La pintura también me conecta con el pasado. Durante cinco años, siendo más enano, anduve en extraescolares de la mano de Sofía dándole marcha al hemisferio derecho de mi cabeza para conseguir, con más trabajo que talento, algunos modestísimos óleos y algún que otro carboncillo de los que, más o menos bien hechos, puedes presumir colgándolos en la pared entre póster de Raúl y póster del Palencia. En cualquier caso, con 13 años me quedaba claro que aquella no era mi vocación, pero haber conocido la pintura de cerca me hace valorar y respetar más el trabajo de los artistas, aunque a veces haya obras que no entienda.
Pronto acabaremos viendo algunas de las 'Pes' de la Calle Mayor perderse entre las esculturas de ExpoAire. El concurso sube su nivel cada año y las sorpresas son mayores cada vez. Los premios se empiezan a quedar cortos y el vandalismo, por fortuna, parece cosa del pasado.
Como palentino, me alucina la capacidad que tienen algunos de meter en su cabeza un lugar tan pequeño como es Palencia, agitar la coctelera de neuronas, intepretar la realidad de otra manera y devolverle al mundo una expresión, palentina, que quedará para los restos.
Es verdad que el tiempo acompaña, pero no me extraña que la Huerta de Guadián sea un goteo constante de personas que, sepan o no captar el mensaje que les manda el artista, acaban dejándose caer a la espera de ver algo que les gusta.
Mención aparte al Grupo Muriel y al ritual inaugural de cada año de una muestra que sigue en pleno estado de forma.