Una cantera de cine
Y es que si el año pasado nos faltó descorchar el champán en el balcón del Ayuntamiento con Ramón Margareto, este año ha sido el no va más con Elena Anay
a, que ha conseguido la estauílla a la Mejor Actriz del año. Por ello, el alcalde Alfonso Polanco la ha felicitado y la ha prometido un homenaje a su carrera.Palencia presume, pero no me sorprendía algún comentario que ví en Twitter del estilo "Ahora me entero que Elena Anaya es de Palencia", porque el "palentinismo" de la actriz ha sido relativamente discreto. Hay quien vincula sus propios éxitos con su lugar de origen, pero en este caso, hablar de Elena Anaya es hablar de Lucía y el sexo, Hable con ella, Van Helsing, Alatriste o La piel que habito, entre otras obras cinematográficas. Y, además, lleva tiempo haciendo vida lejos de la capital. Es normal que los especialistas en cine la pregunten por Almodóvar, no si por si sigue los partidos del Palencia.
Sin saber si vuelve con mucha o poca frecuencia (más bien parece lo segundo), seguro que ese pequeño homenaje o el detalle que la ciudad quiera tener con ella, puede ser una excusa para reencontrarse con la historia de una chica que en sus tiempos de niña iba a Angelinas... como un amigo mío que ahora trabaja para Mercadona, o una prima que ahora es profesora. Y que, quizás, por ese origen más o menos común que tenemos todos los que nacemos en Palencia, nos alegramos cuando uno que ha nacido en el mismo sitio que nosotros llega más allá, porque nos sentimos parte de un todo muy pequeñito pero muy particular.
Que los casi 200.000 nacidos en Palencia, dos hayan alcanzado un Goya en los dos últimos años es digno de orgullo. Sería bonito, sobre todo para ella, pensar que alguna jovencita a la que le entra la curiosidad del arte dramático por la vena, pudiera tenerla por referente en vez de los Cabanos y demás series surrealistas de quita y pon que vuelven tontaina a cualquiera y degradan el nivel de los productos audiovisuales que tanto desagradan, por lo general, a los propios españoles. Aunque luego, esa niña, con sus 18 años, tenga que coger las maletas y presentarse a las puertas de la Escuela de Arte Dramático de Madrid por si la cogen... Pero, a lo mejor, luego la va bien.













Las entradas se guardan junto a las papeletas de la clásica rifa que hace cualquier club modesto con el único objeto de sacarse un pequeño extra, más que por sortear un jamón que sirva de aliciente para que acuda público a un estadio sin gradas.

