Palencia Entre Líneas

Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.

10 diciembre 2013

La pared que grita al final del túnel

En lo que unos hacen que solucionan el problema del ferrocarril en Palencia, otros (o, quizás, los mismos) van poniendo parches a lo que ya tenemos. Los túneles y pasarelas deberían ser siempre una cuestión prioritaria teniendo en cuenta que son el by-pass que unen los dos trozos de la ciudad, perfectamente separados por la vía del tren y que, desde siempre, nos ha situado a varios barrios de la capital, geográficamente hablando, "al otro lado de la vía".
El túnel que se construyó hace unas dos décadas bajo la pasarela de Villalobón fue un cambio radical, y para bien: se eliminaba la mítica, eterna y horrorosa pasarela de caracol que casi nadie atravesaba y se construía un acceso subterráneo tan corto que no parecía ir bajo tierra. Nada que ver con los largos túneles llenos de baldosines, eco y oscuridad que ya había, como el que pasa por debajo de la estación. ¿Alguien ha probado a cruzarlo en la soledad de una noche cualquiera?
El túnel que comunica Pan y Guindas con la calle Alfonso X El Sabio era de calidad "semi-siniestra", salvado por los enormes focos de luz amarillenta. Pedía una reforma a gritos. Se le ha dado recientemente una buena capa de chapa y pintura y, aunque un túnel morirá siendo túnel, con las paredes recién pintadas parece otra cosa. Sólo que tanta blancura pública acaba siendo objeto de los (póngase el adjetivo que cada cual desee) de siempre, que han tardado menos de lo que les parió sus madres en echar cuatro 'borratajos': uno que, creo, simula una especie de culebrilla y, otro, que no deja de ser producto de nuestros tiempos, un mensaje en toda regla: "Poder = Corrupción. Políticos a la Hoguera".
Alguien ha decidido que la pared al fondo del túnel, con su traje recién sacado de la tintorería, se acuerde de los políticos a grito pelado. El acto no es justificable, pero no deja de ser una estampa bastante comprensible para los tiempos que corren. Porque ¿quién sabe si, cuando nos multen por manifestarnos y cosas parecidas, las paredes sean las únicas que tengan potestad para expresar nuestros pensamientos sin riesgo de castigos?

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