Palencia Entre Líneas

Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.

06 mayo 2014

A los grandes profesionales, como Violeta

IMAGEN: Centro Asistencial San Juan de Dios
No voy a decir que Palencia sea el lugar adecuado para enfermar, porque a nadie le gusta, pero es innegable que cuenta con profesionales de sanidad como la copa de un pino.
La Escuela de Enfermería es una cantera inagotable de buena gente, de buenos estudiantes y futuros (y presentes) excelentes profesionales. Y presumo de conocer a algunos de ellos, o algunas, en este caso: enfermeras y auxiliares.
Es una de esas profesiones que merecen todo el respeto del mundo y que nunca acabará de estar bien pagada, aunque quizás en otros países sí lo esté.
Es gente que además de su trabajo, practican el noble arte de la paciencia y la generosidad. La vocación por delante. Y la necesidad de su existencia, más si cabe en esta España que envejece en lo que dejamos pasar el tiempo a ver si alguien, con una varita mágica, sabe solucionar el problema de las pensiones.

Es muy difícil haber hecho vida en Palencia y no saber de alguien cercano que haya trabajado o trabaje en San Luis, en San Juan de Dios, en San Telmo, en el Río Carrión o en cualquier otro centro de salud. Y por eso, hoy, es difícil no pensar en toda esa gente que conocemos, queremos o hemos tratado y que se encuentra aún con la carne de gallina después de saberse la muerte de una psicóloga de 29 años a manos de una interna.
Vamos a pensar lo habitual en estos casos: que ha sido un accidente. Un maldito accidente que no debería haber pasado, pero ha ocurrido. Como todos los accidentes injustos. Lo imprevisible de la vida. Y es comprensible que, hoy, todos estos profesionales sientan algo de miedo. No deberían. Es un sector que nunca debería dejar de tener la atención y protección de todos, especialmente de las instituciones y de quienes tengan en su mano darles todo lo bueno que merecen. Porque todos, desde que nacemos y asisten a nuestras madres, hasta que morimos en una cama de hospital, hemos pasado, pasamos y pasaremos por sus manos. Porque forman parte de los momentos más delicados de nuestras vidas.
A Violeta y todos los demás profesionales, gracias (y nunca serán suficientes) por querer cuidar de nosotros.

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