Palencia Entre Líneas

Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.

11 junio 2014

No es que vengan mucho

IMÁGENES: Diario Palentino
Hace unos días, justo cuando abdicó el Rey Juan Carlos, Diario Palentino recordaba el momento en que los Reyes estuvieron, hace unas pocas décadas no sólo en Palencia, sino en mi colegio. A la entrada del edificio del Buenos Aires siguen las fotografías en las que don Juan Carlos y doña Sofía parecían atentos a los niños que estaban en las aulas por las que pasé hasta que la Ley me dijo que ya era suficiente de EGB, pese a que mi salto a la ESO lo completé en el mismo edificio.
Como también me pilló bastante crío, no recuerdo mucho a qué vino el Príncipe, pero vino y revolucionó Palencia. Era un tipo que caía bien, simpático, eterno soltero, y mucha gente quiso acercarse a verle a la Plaza Mayor.
Más adelante, vino la Reina a inaugurar el reformado Teatro Principal.
En un libro que tengo en casa sobre la historia reciente de Palencia, se toma como un acontecimiento  la visita de Franco a nuestra capital, por algo relacionado con unas fábricas, creo recordar.
Y poco más... El artículo podría acabarse aquí. No hablo de presidentes del Gobierno, que aparecen por aquí veces contadas. Quizás porque para eso está la diversificación del Estado y entre representantes regionales de la Junta, representantes provicinciales de la Junta, representantes provinciales de Palencia y representantes locales de la capital, tenemos suficiente. Tampoco vamos a pedirles a los Reyes que vengan todos los días.
Entre tanto, estos días, circulan imágenes de las convocatorias a favor de la III República, en las que tampoco se puede decir que acuda mucha gente. Seguramente sea más la que lo desea de las que acuden a estas manifestaciones. Pero es como que esto de los Reyes y los Presidentes nos quedara lejos. De vez en cuando, pues sí, vienen, pero es como que ni lo uno ni lo otro fuera mucho con nosotros. No sé si eso es bueno o es malo, pero la vida de una capital pequeña de provincias es lo más parecido a una isla en medio del mar. Me decía, en Tenerife, un compañero habitual de las islas: "Mira a la gente. ¿Tú crees que aquí les afecta lo que ocurra en el País Vasco?" La sensación es la misma: Moncloa y Zarzuela no tienen una sola pe. Parecen otros universos, aunque existe el respeto desde Palencia. Aún diría más: apostaría por que el 100% de los que allí viven y trabajan no sabría situarnos en el mapa. Y en el Congreso, seguro. En el Senado, esa extraña institución, ni te cuento.

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