Palencia Entre Líneas

Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.

24 abril 2011

Si ha llovido, quizás sea por algo

IMAGEN: Diario Palentino

Nunca el tiempo fue tan importante. Hoy ya luce el sol por casi todas partes después de una de las Semanas Santas más complicadas de los últimos años por las intensas lluvias, que han venido tras una semana de calor veraniego y terrazas. Aún así, en Palencia, el balance no ha sido tan malo después de todo.

Se preguntaba un amigo mío por qué tantos lloros por parte de los andaluces cuando su imagen de tal o cual Cristo se queda sin poder salir, pero el sentir de aquellas partes es diferente al nuestro. Me gusta la Semana Santa castellana: es austera, silenciosa, respetada, elegante, señorial y bien organizada. Y, por mucho que se discuta sobre la fe de los españoles, tengo la percepción de que se sigue con mucho más sentimiento que la propia Navidad, aunque me siga pareciendo, hasta cierto punto, irónico que haya muchos Hermanos de nuestras cofradías que no pisen una iglesia en todo el año. Recuerdo a mi ex catequista Javier Colmenero, cuando nos intentaba explicar que salir a ver las procesiones es, quizás, lo menos importante en la forma de vivir la Semana Santa como mandan los cánones.
Sin embargo, nuestro empeño por que nuestra celebración fuese declarada hace unos años de Interés Nacional fue grande. Quizás porque al final, efectivamente, se acaba cediendo terreno a lo espiritual y conviene tener buena ocupación hotelera, y se añade que siempre es duro "competir" con Valladolid, Medina de Rioseco o Zamora.
Los que lloraron bajo tanta lluvia en Jueves Santo, en Sevilla, se preguntaban qué habría pensado Él para mandarnos tanto agua. Los fieles se quedan sin respuesta... Como se ha quedado el mismísimo Papa Benedicto, cuando en el pseudo "Tengo una pregunta para Usted" sólo ha sido capaz de afirmar que tampoco tiene respuesta a la causa de tanto dolor en el mundo, partiendo desde el desastre de Japón. Aunque la duda, dicen, es lo que nos hace crecer.
La fe se encuentra en horas bajas. Cuando llueve, está claro que el turismo también. El mundo, en general, tampoco se libra de la capa caída. La única conclusión que puedo sacar en claro es la siguiente: "Luego, algo falla."
Si ha llovido, quizás, hasta sea por algo... O quizás, simplemente, porque sólo sea abril.

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