Palencia Entre Líneas

Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.

14 marzo 2011

Las cosas importan más o menos en función de lo que pasa al lado

Cuando miro el calendario con el blog en frente siempre me digo eso de "tengo que actualizar". Pero el ritmo que he llevado estas dos semanas ha sido tan frenético que no he tenido tiempo para más. Me prometí pasarme por Palencia, se lo he comentado a familiares y amigos, sin haber cumplido mi propósito. Y no será porque hay gente a la que me apetece ver, y porque las circunstancias de algunos de ellos han cambiado (en unos casos para bien y en otros para no tan bien), y ¡qué narices! Palencia siempre es un buen sitio para desconectar. Comentaba con mi madre estaba semana: "Ya verás cuando el AVE llegue de una puñetera vez..."
Son días en los que han pasado, en mi vida y en las de otros, muchas cosas interesantes, sólo que ha sido inevitable no verlas desde el prisma de Japón. Seguro que existían muchas vidas paralelas: una chica que pierde su trabajo de forma injusta, mientras otro está a punto de conseguir uno. O alguien, en algún hospital, recuperándose de una operación, mientras no sé quién estaba esperando un bebé para no sé cuándo. Y cómo un temblor echa por tierra, nunca mejor dicho, todos esos pilares de vida y el barro se encarga de borrar las líneas que había trazadas buscando esos momentos de felicidad.
Alguien escribió el viernes pasado en Twitter que había tantos desaparecidos en Japón como gente vivía en Palencia. Ahora son tantos como los que viven en medio Valladolid los que han tenido que marcharse de donde estaban para evitar que les llegue una radiación que transforma a los seres humanos en seres monstruosos, sin saber, hasta dentro de una temporada, si han estado realmente a salvo. ¿Qué tiene sentido cuando algo así te viene encima?
Esta vez ha sido en el Pacífico... Un tsunami cerca de Japón se ha dejado sentir hasta Chile. Hay motivos de sobra para pensar que algo, quizás, se está haciendo mal. Tenemos una gran excusa para aprender del dolor ajeno y tomar conciencia de que tenemos motivos de sobra para sentirlos plenos y agradecidos, dueño cada uno de sí mismo. Si no, las muertes de casi dos mil japoneses no tendrán jamás ningún sentido. Uno de mis compañeros de piso está convencido de que el futuro está en colonizar Marte. Espero que no tengamos que llegar a estar tan locos buscando soluciones donde no sabemos si las encontraremos.

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