Palencia Entre Líneas

Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.

04 junio 2015

En Palencia, no pitamos el himno

IMAGEN: ArteSacro.es
Después de escuchar al Secretario de Estado de Seguridad, parece que haya que estar preparado por si, casa por casa, llaman preguntando.
El himno de Palencia, ya les diría yo que, por supuesto, en mi casa no lo pitamos. Y el de España, tampoco.
A veces, pienso que el debate, si es que lo ha habido, entre silbadores y no silbadores después de lo vivido en la final de la Copa del Rey suena tan ridículo como lo fue la imagen que España dio al mundo exterior. A los que viajan con frecuencia al extranjero luego les preguntan por estas cosas.
El himno, el más nuestro, el que llegará más pronto que tarde al centenario, se siente o no se siente. Quizás tenga que ver con que los que sentimos Palencia, respetamos nuestros símbolos y, además, contamos con la suerte de tener un himno bonito y con el que nos identificamos.
Espero y deseo que siga enseñándose en los colegios. Y no sólo el himno. La mejor forma de respetar algo es aprender y dejarse llevar por la curiosidad. Seguramente, también por eso, porque me educaron con ella, ahora mismo soy un loco de Palencia.
Tampoco estamos obligados a que nos guste todo, pero ya que estamos en el mismo saco, y sabiendo de respeto, nos evitaríamos muchos problemas. Querer vivir en el enfrentamiento y, sobre todo, la provocación, suelen ser síntomas de inferioridad y hasta de miedo, aunque se aparente lo contrario.
Al final, sin querer queriendo me meto yo solo en la discusión que antes criticaba, en vez de hablar de lo que quería: de nuestro 'Dios te salve, Palencia querida', de letra acertadísima, que suena todos los años en diversos actos, que todos los palentinos sabemos y que hemos escuchado varias veces a lo largo de nuestras vidas. Quizás, por alguna de aquellas cassetes que regalaba Caja Palencia, y ahora con Internet ni te cuento, el himno no faltaba en cada casa. Que, dicho así, esto parece la Palencia de Kim Jong Un, pero nada más lejos de la realidad. En nuestro carácter de capital pequeña de provincia pequeña, va el sacar pecho por lo nuestro bien hecho porque, si no, nadie lo hace por nosotros.
Cuestión de orgullo y sentimiento, con el respeto máximo hacia quien todo esto se la resbala. Guzmán Ricis y Garrachón Bengoa, a día de hoy, se sentirían tan orgullosos del mimo con el que guardamos su obra como avergonzados de quienes silban un himno, el que sea, del pueblo-estado-nación-tierra-país-planeta que representa y que no sea malo, aunque dentro se hagan cosas mal... como en España.

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