Palencia Entre Líneas

Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.

04 junio 2008

Para los que se quejan por el agua

En estos días de mayo oigo a menudo quejas de que no hace calor, de que si a este paso sólo tendremos dos meses de verano, de que llegan los fines de semana y... llueve. La lluvia no molesta, al contrario. Se necesita. ¿Cambio climático? Hay quien lo relaciona, pero no es un hecho, ni mucho menos, alarmante. Los alérgicos hemos agradecido las lluvias, que nos han librado del efecto de las gramíneas asesinas del año pasado.
Para los que odian un mes de mayo lluvioso o creen que es un fenómeno propio del Siglo XXI, recomiendo la lectura del artículo de opinión del gran Gonzalo Ortega Aragón, que hoy publica Diario Palentino:

BUENO FUE MAYO, SI NO SE TUERCE

AUNQUE en el refranero existan ciertas contradicciones, la verdad es que hay muchos viejos dichos que alaban las lluvias de mayo. Y si ha habido algún mayo con abundantes lluvias que haya refrendado esas consideraciones ha sido el mayo pasado, que nos ha puesto el campo la mar de frondoso.
Se ha dicho, por ejemplo, que agua de mayo, el bien deseado; o que agua en mayo, pan para todo el año; o que agua de mayo vale un caballo; o que agua en mayo y junio vale más que huebra, carro y yugo.Más o menos vienen a decir los mismo los refranes que se refieren a un mayo con los cielos anubarrados. Como aquél que asegura que Mayo pardo, año harto; o el que pronostica que mayo oscuro y junio claro aseguran el mejor año.
No es conveniente un mayo caluroso, que adelante la cosecha pero sin alimentarla previamente. Por eso se dijo que en mayo frío, aumenta el silo; o que mayo húmedo y fresco llena el granero.
De la conveniencia de que las lluvias sean abundantes en mayo hablan otros refranes agrícolas. Como el que dice que si en mayo no vieres lodo, puedes darlo por perdido todo. O como el que lanza este deseo: Dios te guarde de polvo en mayo y barros en agosto. O como el que augura que en mayo lodo, espigas en agosto.
O sea que en mayo, que llueva, que llueva, como afirma la máxima labradora de que mayo caliente y lluvioso ofrece bienes copiosos. O esa otra que se asegura escuetamente que lluvioso mayo, seguro el año.
Bueno, pues en ésas estamos, en ésas nos dejó mayo. Y lo que hace falta ahora, ya con la hoz en puño, es que no se tuerzan las evidencias, que no se tuerzan las esperanzas.
En el campo siempre hubo pesimistas y optimistas. Pesimista aquel que, arreando el carro lleno de trigo, clamaba por que no viniese un nublado que no le dejara llegar a la panera. Optimista aquel que, trillando las granzas, aún suspiraba: ¡Si todavía lloviese un poco!

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