Palencia Entre Líneas

Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.

15 abril 2007

Son mis amigos

Suena a canción de Amaral, pero no lo es, aunque la letra, digo yo, tiene algo que ver.
Palencia no es sólo Palencia, un nombre o una ciudad. La ciudad sin sus gentes no sería más que un cúmulo de hormigón armado con formas rectangulares y poco más.
Nací en Palencia, con la ayuda de un equipo de médicos y el calor de la familia. Crecí en Palencia, en mi casa, en el colegio, con la ayuda de un montón de profesores y muchos, muchos niños, muchos más de los que hay ahora en los colegios de mi barrio. Seguí creciendo con los que yo empecé a llamar "amigos": los primeros cumpleaños, los primeros partidillos en la calle, en la "pista" de fútbol del barrio... Y me hice un poco más mayor. Seguía viviendo en Palencia. La ciudad no cambiaba mucho, la verdad, apenas se modificaba en paisaje. Pero mi vida seguía su proceso de metamorfosis: instituto, primeras salidas, discotequillas, disco-bares... las cosas cambian. Los amigos también. Unos se mantienen y otros dejan de serlo. Alguno que otro, por su familia, pues se va. Se va porque Palencia ya no les ata o la ciudad no tiene fuerza suficiente como para hacerlo.
Y después de todo, llega la Universidad. El abandono de Palencia, aunque siempre me encanta volver. De hecho, no me gusta marcharme. Y con la Universidad (aún sin concluir), los primeros pinitos en el curro. Fueron en verano, de "vacaciones". Mi ciudad comenzó a ser mi destino habitual de descanso. Quizás la gran ciudad te hace ganar como persona a nivel individual. Quizás por eso es por lo que se agradece encontrar el calor humano en Palencia.
Cinco días de vacaciones, ni tan siquiera en un periodo marcado en rojo en el calendario. Y cinco días más que bien aprovechados. ¿Gracias a quién? A las personas. Al que puso en tal sitio en su día una zapatería y permitió que pudiera comprarme unas deportivas que me chiflan. A mi familia, que me acompaña una buena tarde a buscar ropa para una boda. A mis amigos, los buenos, los que no fallan, los que no mienten. Los que te producen bienestar y alegría con sólo verlos. Los que, por algún motivo, cuando llegas, están ahí. Y lo están por ti. Para eso no hay palabras de agradecimiento. Es una gozada. El jueves por la noche le hice salir a mi amigo Toño por primera vez entre semana (sin ser fiesta). Mereció mucho la pena. No estuvimos solos. No estuve solo ni me sentí en soledad en esos cinco días extraños, por aquello del calendario. El día que eso ocurra, entonces Palencia sabrá diferente. Sabrá a cenizas, a madera chamuscada, a recuerdos. De momento, no lo veo posible. Palencia me da la vida. Mi gente, mi buena gente, me da la vida. Un puro balón de oxígeno después de una estancia más o menos larga es más efectiva que la medicina más agresiva para curarme todos los males. Gracias a todos por todo. Siempre tengo ganas de volver.

1 comentarios:

A las 16/4/07 00:09 , Blogger Toñete ha dicho...

Hombgreee, queee puntacillo te me has margcao jurado.

Ahora ya en serio, cierto es que las pequeñas cosas mueven el mundo, y a pesar de las mini vacaciones, se han podido aprovechar bien, que no solo tu te las has tomado, si no que servidor tambien, de la rutina. Asi que si tu tienes que agradecer a la ciudad que te vio nacer, yo te agradezco la visita, los dos hemos cogido fuerzas para seguir el camino, esa complicidad que pocas veces se tiene con una persona recarga bastante las pilas y a tener algo mas de alegria en el dia a dia.

PD: ¿No querias un comentario profundo?, pues toma, jejeje

PD2: Lo de los jueves de fiesta es interesante, es como una nueva fauna palentina a descubrir, interesante,si si.

 

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