Palencia Entre Líneas

Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.

04 febrero 2008

El patio está mucho más vacío

Apenas quedaremos unos 6.000. Al menos, en su origen, dicen, es lo que había. Ahora, seguramente, algunos menos. Eso, quien mejor lo nota, es gente como el párroco: don Elías dice que se nota el descenso de bautizados y el aumento de defunciones. En definitiva, cada vez menos chiguitos.
El patio del colegio ya no es lo que era, por desgracia. Hace quince años había pisotones en las pistas de futbito durante esos duelos "los del A y los del B contra los del C" y rotaciones sucesivas, hasta 30 niños sobre una cancha. Aunque uno, por paquete, no jugara mucho, pero esas batallas, fueran de fútbol, de jugar a pillar con las chicas del A, en las que cada uno nos asignábamos a una, ya no son lo mismo. Siento que, pese a vivir en el mismo barrio, esos niños de hoy no vivirán nunca la intensidad de aquellos recreos. Ahora basta con acercarse sobre las 11 de la mañana en torno a las vallas que cercan el patio y ver tan sólo poco más que un grupo pequeño de niños que juegan entre ellos, aunque seguramente con la misma alegría, y con la satisfacción que produce el alivio de un descanso antes de seguir adelante con la jornada. Pero atrás queda el terrible bullicio que se formaba en esa media hora, con tropecientos profesores vigilando cada rincón, casi cada alumno.
Antes los dos patios se llenaban. Ahora con uno hasta sobra. Más que nada porque el de atrás, el pequeño, que en sus orígenes tenía hasta un foso de arena, ya pertenece a otra cosa que se llama Universidad Popular de Palencia. En el grande, las hierbas silvestres y la dejadez se abren paso porque los niños ya no pisan por ellas.
En las columnas permanecen inalterables al paso d
el tiempo las pinturas que, hace años, sirvieron para marcar el lugar que ocuparía cada clase cuando se produjera un simulacro de incendio: 4º A, 4º B, 4º C... incluso en una de ellas pone eso de 8º D. Todo un testimonio de una época tan cercana, pero tan diferente. Los resquicios de la EGB siguen coleando en un patio en el que perdura aún el espíritu de todo una generación que irrumpía con fuerza en el barrio; la de unos profesores que venían a entregarse con sus chicos (y que tan buenos resultados ha dado siempre); la de unos niños, los de la pre-generación Logse, que aún iban con cierto respeto a aprender, crecer y compartir. La realidad, hoy en día, es otra que me produce, cuanto menos, nostalgia.

2 comentarios:

A las 4/2/08 21:05 , Blogger Víctor Calzada ha dicho...

Resulta irónico que en los últimos años El C.P. Ciudad de Buenos Aires haya recibido tantos premios estando ahora como está. Yo aún me acuerdo de esos ambientes que describes y que me sirven para valorar la suerte que tuvimos al vivir esos buenos tiempos. Ya en mi época (dos años más joven) los partidos de fútbol eran entre A y B. Con mi hermana (seis años menos) los enfrentamientos eran sólo entre alumnos de A. Ahora como no les dé por jugar al ping-pong...

 
A las 12/2/08 17:08 , Blogger El Dilema Urbano ha dicho...

Y esta universal tendencia, que empezó ya hace veinticinco años, no se nota todavía en la población adulta. Ya veremos dentro de un par de décadas. Eso sí, a menos jóvenes, menos parados, los gobiernos de turno podrán aprovechar la coyuntura. Y mejor no hablar de cómo nos veremos por tierras meseteñas.

 

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal