Palencia Entre Líneas

Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.

18 enero 2010

También con Haití y todo lo que lo rodea

IMÁGENES: El País y BBC
¿Alguien sabía antes de la tragedia situar Haití en el mapa? La viñeta que publicaba El País, de la que Tomás Martín da buena cuenta en su blog, me hace reflexionar sobre un montón de cosas. De algo me suena, salvando las evidentes diferencias, eso de que "sólo te conocen si te ocurre algo malo". El caso es que Haití ya estaba ahí con todos sus males: gran tasa de pobreza, de analfabetismo infantil, de enfermedades (la mitad de las muertes tienen relación directa con el Sida), entre otros, que no es poco. Y, sin embargo, la tragedia hace que el terremoto sacuda algo más que ese trozo de tierra centroamericano: las réplicas han llegado hasta las conciencias de mucha gente en todo el mundo. Aunque bien podrían discutirse algunas imágenes, cuanto menos, paradójicas que nos deja la actualidad, como esa Penélope Cruz vestida elegantemente para los Globos de Oro diciendo sobre la alfombra roja que "espero que esta noche se hable mucho de Haití y no sólo de cine y de moda".
Cuando ocurren desgracias, bien sabemos que el dinero no lo es todo, ni mucho menos, pero cuando falta bien sabemos de su verdadero valor (para los que dicen que "lo importante es la salud", que también). Cuando el mal es la tónica de nuestras vidas, el terrible individualismo al que estamos sometidos, sobre todo en los países desarrollados, nos hace ver que el mal es normal. Quizás, por eso, la gente que pide dignidad y justicia tiene que recurrir a huelgas de hambre, quemarse a lo bonzo y otras tácticas similares para hacernos reflexionar sobre los males ajenos: "¡Como si no tuviera bastante con lo mío!", sin embargo, pensamos.
Cuando en Haití se hayan retirado todos los escombros y cuando se hayan contabilizado todas las víctimas, volverá a dejar de existir en nuestras conciencias y hasta en nuestras mentes. Bien cerca tenemos el caso de Gaspar Arroyo: su balance de víctimas es tremendamente inferior al de este último terremoto, y cuánto tiempo está costando que las familias supervivientes vuelvan a hacer una vida normal. Sin embargo, Centroamérica volverá a olvidarse en mucho menos tiempo. Cuando no nos implica directamente, enseguida volvemos a nuestros problemas, los que de verdad nos importan: las horas extra de nuestro trabajo, las discusiones con los compañeros, el mal rollo que transmitimos a la familia, la factura de más que nos llega con el coche, el imprevisto, las reparaciones y el no sé qué. A todos nos va mal, pero en diversa medida.
Palencia, por cierto, ya ha puesto su granito de arena. Al margen de las donaciones individuales, la Diputación confirmaba este fin de semana, su aportación de 30.000 euros
para ayudar a las víctimas. Dice Enrique Martín que es "cuando más hace falta esta colaboración y generosidad para paliar los efectos devastadores del desastre". Ahí queda ese dinero, pero cuántos haitianos pensarán que la generosidad está llegando tarde. Cuántos de nosotros pensaremos que, entre hipoteca (o alquiler), móvil, internet, compromisos, etc, no podremos tan siquiera sacar nuestro granito de para la causa...
¿Por qué tantos por qués? La situación invita a una reflexión tan profunda como compleja.

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