Palencia Entre Líneas

Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.

05 septiembre 2010

Mareándonos por la feria

Si con algo nos han tocado las narices desde Pucela es directamente con el asunto de la feria. Las Fiestas, como si las quieren poner en junio, que deberían, con tanta lluvia que dicen que hay, aunque pobre de la Virgen de San Lorenzo, cada año con la misma angustia y la misma rumorología de que al año que viene las van a adelantar todavía un poco más.
Este fin de semana se celebraba en el, cada vez más ridículo, recinto ferial el "Día del Niño". El único reclamo para que la gente acuda a algo, una vez finalizados los Sanantolines.
Y se tiene que hacer así porque, si no, entre que cada vez las mejores atracciones no paran en Palencia, y que los precios no acompañan, a este paso va más gente pescando en el río que montándose en los cachivaches.
Atrás quedaron aquellos tiempos en los que siempre se buscaba un hueco de más para esa montaña rusa nueva que llegaba (¿alguien recuerda el exitazo que supuso aquélla que tenía un looping en su recorrido?), o tal atracción de miedo... En la feria se concentraba buena parte del ambiente de esos días, por mucho que enfrescara demasiado a última hora de la noche. Entonces los "Días del Niño" se hacían por separado. Uno, durante las Fiestas, en el que los viajes duraban la mitad porque aquello se ponía de peña hasta las trancas. Y dos, más allá de la traca fin de fiesta, cuando unos cuantos camiones habían puesto rumbo si no a Samalanca, a Valladolid, y el resto tenían a los operarios quitando algunos tornillos en lo que iban ofreciendo los últimos viajes en los carruseles.
El efecto "Pucela se adelanta" nos ha hecho mucho daño. Algunos feriantes llegaban a Palencia y se marchaban, incluso, antes de que acabaran las Fiestas por llegar a tiempo a Valladolid. Y, claro, el Ayuntamiento se enfadó y les obligó a quedarse hasta el último día, como es lógico por otra parte. Ahora los que se han enfadado son algunos de los feriantes que dicen: "Pues se va a quedar en Palencia Rita la cantaora", y se van directamente 48 kilómetros más al sur. Acabamos todos mareados sin habernos subido a nada.
El resultado: un recinto ferial cada vez más modesto, con menos novedades (como, en general, todo el programa de fiestas) y donde se respira menos adrenalina que hace tan sólo unos años. Las pinzas que cogen peluches y relojes siguen funcionando por la ley de la tragaperras, pero sin efecto ludopático. Hay cosas que no cambian... las menos buenas, como siempre.

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