Palencia Entre Líneas

Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.

12 abril 2013

El teatro se enseña... Y se paga

Tengo un buen recuerdo de la última vez que fui al teatro. Más que nada, por la Gala que me tocó presentar en él (si esto fuera un whatsapp, pondría el muñeco que guiña con la lengua fuera, pero guardo respeto al blog).
Pero, quizás porque a Palencia vienen obras de renombre en fechas muy puntuales, no es una ciudad a la que relacione con el Teatro en sí, como se la puede relacionar con el deporte, pese a que tampoco vienen a jugar equipos o deportistas de renombre.
Sin embargo, de las últimas veces que pisé la ciudad, me llamaron la atención un montón de carteles pegados juntos, como si de álbum de cromos se tratara, anunciando un porrón de actuaciones para las fechas que entraban. Me sorprendió para bien porque pensé que, lejos de mis sospechas, hay oferta y demanda.
De pequeño, primero mi familia y, después, los amigos, son los que te llevan al cine. A un chaval de 12 años le apetece ver una comedia, una película de ciencia ficción... Con 16, las tonterías de Scary Movie y adolescentadas infumables. Pero no te sale ir al teatro. Mis amigos, cuando han cumplido la veintena, o venían a Madrid a ver musicales o, si se quedaban en Palencia, era para ver el otro género que ha revolucionado la forma de ver teatro: los monólogos. ¡Cuánto bien le ha hecho 'El Club de la Comedia'!
Las escasísimas veces que fui al teatro de pequeño fue porque me llevó el Colegio. Porque, de vez en cuando, nos llevaban al Principal a ver una obra dirigida a niños... O en el Salón de Actos de la, entonces, Caja Salamanca y Soria, donde algún sábado se colaba una obra para niños entre película y película.
Quizás los padres no te cogen de la mano y te llevan al teatro porque es más caro y porque te ven un niño. Sin embargo, todo cambia cuando eres ya jovencillo y un día tu madre te invita a ver una comedia buena por San Antolín... Porque dice que va todos los años y se lo pasa en grande. Y acaba siendo verdad.
Las siguientes veces, ya eres tú el que busca la compañía para ir. Y no sé si es que he ido creciendo o qué, pero parece que el Teatro, en sus tonos más variados, tiene más fuerza incluso que antes. Si ya hablamos de Madrid, desde donde escribo estas líneas, la oferta es para volverse loco: puede llamarse Teatro una actuación de improvisaciones de 'Jamming', una cena con actuaciones de humor y magia, un gran musical, una pequeña obra amateur en una sala íntima... Aunque todo esté escrito, el directo siempre da emoción y genera algo que no lo da el cine.
La pena: que, a veces, sea tan caro. Quizás, por eso, la última vez que fui (y con invitación), un viernes por la noche, la sala del Teatro Reina Victoria estaba medio vacía, siendo ésa la primera semana tras el estreno de la obra. Coincidía la Semana Santa con el Día Mundial del Teatro, y las cifras no eran del todo buenas. El Teatro prospera... Pero la crisis se encarga del resto.

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