Palencia Entre Líneas

Cuatro apuntes sobre un sentimiento y una forma de vida: la nuestra. Palencia existe, se ve, se toca y se disfruta. Es un modo de vida.

12 octubre 2008

El enigma de Cojoncio

Cojoncio es uno de esos nombres que nadie sabe si tan siquiera existen. Su origen es incierto, su etimología puede venir de “cojón” o de “cojo”, palabras que proceden de raíces diferentes, así que uno que se llamara Cojoncio no sabemos si tiene que ver con sus atributos o con su extraña forma de andar. El Santoral tampoco acoge a San Cojoncio, ni a ningún santo con un nombre parecido.
El caso es que gracias a Cojoncio sabemos que, un día de mayo de 1928, por nuestras calles anduvo nada menos que el gran Rafael Alberti en compañía de otro grande, con el que tenía mucha amistad: el tango en persona, Carlos Gardel. ¡Vaya imagen: Alberti y Gardel de paseo por Palencia!
Explica Alberti en "La Arboleda Perdida":

Con él [Carlos Gardel] salimos aquella misma madrugada para Palencia. Una breve excursión, amable, divertida. Gardel era un hombre sano, ingenuo, afectivo. Celebraba todo cuanto veía o escuchaba. Nuestro recorrido por las calles de la ciudad fue estrepitoso. Los nombres de los propietarios de las tiendas nos fascinaron. Nombres rudos, primitivos, del martirologio romano y visigótico. Leíamos con delectación, sin poder reprimir la carcajada: "Pasamanería de Hubilibrordo González"; "Café de Genciano Gómez"; "Almacén de Eutimio Bustamante"; y éste sobre todos: "Repuestos de Cojoncio Pérez". Un viaje feliz, veloz, inolvidable. Meses después, ya en Madrid, recibí una tarjeta de Gardel fechada en Buenos Aires. Me enviaba, con un gran abrazo, sus mejores recuerdos para Cojoncio Pérez. Como a mí era lo que más le había impresionado de Palencia.

Cuenta el poeta que venían de Santander, de ver un partido de fútbol y que esa misma madrugada se acercaron a Palencia. Debió de ser de tal magnitud la anécdota del cartelito dichoso que una de las parejas sentimentales de Alberti, María Teresa León, explica en sus “Memorias de la Melancolía” que Rafa (como ella le llama en su libro), al enterarse del fallecimiento de Gardel en un accidente de avión, se puso muy triste y se imaginó lo feliz que hubiera sido el reencuentro con su amigo recordando en persona aquella excursión a Palencia.

Los amantes de la lectura bien pueden recordar el nombre de Cojoncio en la novela La Colmena, de Camilo José Cela. Cuenta la historia que hubo un seminarista llamado Cojoncio Alba, un seminarista cuyo nombre vino por una apuesta que hizo su padre con sus amigos a que no llamaría Cojoncio a su hijo. El seminarista conoció a una mujer, Dorita, desdichada, a la que maldijo. Dorita tuvo un hijo al que mató, cuenta Cela, curiosamente, en unas cuevas que hay sobre el río Burejo, en la provincia de Palencia.

Todo esto viene a razón de un interrogante que se hacía Eugenio Pérez en El País hace unos días en un artículo que titula “El nombre de las personas”: «Una vez me aseguraron que en un pueblo de la provincia de Palencia hubo alguien a quien pusieron Cojoncio, por existir un nombre, igual o parecido, en el santoral.»
Pues, Eugenio, creo que seguimos sin saber si Cojoncio existió o si tan sólo fue un fantasma.

1 comentarios:

A las 13/10/08 18:14 , Blogger María ha dicho...

Yuju! amigo que historia tan bonita, Alberti, Gardel y Palencia que panorama.... sobre todo pensar que por las calles que conoces de chiquitín pasearon ese tipo de personajes tan importantes para la cultura en general....
Bueno que sepas que no tomo represalias sobre la entrada que me hiciste el otro día, un poco más y pides que me apedreen en la plaza mayor :).
Un beso!!

 

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