02 marzo 2026

La Castilla vaciada, o la gran espantada

Dice el aventurero Elliot, uno de estos miles de nuevos influéncers que han brotado al albor de las redes sociales, que la Castilla vaciada es espantosa.

Con su acento español de Estados Unidos, el 'guiri de Málaga' recorre uno de los cientos de pueblos que existen en Castilla y León en los que la vida se va al garete, y asegura que "por cada pueblo por el que paso no tiene habitantes, quizás menos de 50 o menos de 30. Es una sensación bastante rara".

Elliot se encuentra casas abandonadas, solo gente mayor, apenas algún coche y poco más.

Hace ya muchos años que tenemos muy claro que nuestros pueblos se van a morir de un momento a otro. Ya no solo por el nivel de defunciones y los cero nacimientos. Muchos abuelitos hacen sus maletas para terminar en una residencia o en algún piso de algún lugar con centro médico cerca, supermercados y no tengan que depender de un coche que ya no pueden conducir, que no puedan hacer nada en caso de nevada intensa o cualquier otra circunstancia que les ponga en peligro.

Hace no mucho, hablando con otra compañera castellana, de lo terriblemente mal preparados que estamos para un apagón de doce horas, echábamos la memoria hacia atrás recordando la cantidad de cortes de luz y de agua que sucedían en nuestros pueblos y había recursos de sobra. La gente no entraba en pánico: la comida no se echaba a perder, la luz no era un problema con las velas o las linternas, las glorietas de calor y las cocinas de leña seguían funcionando... Y si se cortaba el agua porque había más riegos de la cuenta en un momento dado, siempre había alguna fuente o algún manantial o arroyo al que acercarse ya fuera para beber o lavar algo de ropa.

Con la desaparición de nuestros pueblos se pierde un estilo de vida para el que ya no valemos. Hemos apostado tan fuerte por internet, lo electrónico y lo digital que un corte de luz o internet puede ser un grave problema para una población entera. De hecho, lo fue. Para mi abuela, que se fuera la luz venía incluso bien para respirar la paz que daba no tener la tele puesta todo el día.

Nuestros pueblos se vacían porque tampoco atrae el teletrabajo y nadie encuentra motivos para irse a vivir, más allá de la típica escapada de fin de semana o una semana a una casa rural en la que idealizamos el estilo de vida rural pero que "está bien para una semana y ya". Estamos tan acostumbrados al ruido y a que nos lo den todo hecho que en un pueblo nos morimos.

Elliot tiene razón con definir como espantosa la Castilla vaciada. España bate récords de población y de inmigración mientras seguimos naciendo menos y muriendo más. La falta de vivienda donde hay trabajo es un problema que deriva en innumerables consultas al psicólogo, y no por falta de agallas con la vida, sino de que vivimos a un ritmo tan acelerado que damos bandazos sin saber si nos la vamos a pegar de verdad en la próxima curva. Y cuando nos encontramos con el silencio de los pueblos, las casas vacías en las que nadie quiere vivir, y el estilo de vida tan pausado, nos parece espantoso. 

La realidad no suena muy coherente, pero es que vamos tan deprisa que me da que nos hemos perdido algo por el camino.

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