Un voto desde el exilio
Llevo un poquito más de un tercio de mi vida fuera de Palencia. Y aunque soy joven, más de nueve años son más de nueve años. El caso es que, como sé que allí tengo mi génesis, mi casa, mi familia, y amigos desde hace mucho tiempo, siempre pienso que nunca he terminado de marcharme del todo.
Quizás porque es aquí, en Madrid, donde escribo casi todos mis artículos, donde pago mis impuestos, donde trabajo, vivo, salgo, como y duermo, me afecta y me cabrea que un tal Echeverría, Consejero de Transportes, ridiculice a un colega que usa el metrobús, tanto o más que cualquer polémica con más o menos interés entre Gobierno local y oposición.
Aún así, me siento tan poco de la gran capital que, con todo lo que llevo en ella, sigo sin empadronarme, lo cual me va a dar un disgusto el día en que me llamen para ser el segundo suplente de no sé qué mesa electoral y tener que firmar un domingo a las ocho de la m
añana para nada. Y me sigue gustando pertenecer al electorado palentino. Me sigue gustando participar, con mi pequeño granito de papel, al destino de la tierra que me vio nacer y que tanto quiero. Y en toda esta vorágine pre-electoral siempre echo de menos, aunque sé que nadie lo hace en ningún rincón del país, un mensaje para los de fuera. Quizás porque, realmente, no haya nada que decir. Quizás porque un voto desde el exilio tampoco sea del todo significante. El alcalde de Palencia tiene que ceñirse a Palencia, y no a donde hacemos vida los demás. Es lógico.
Quizás porque es aquí, en Madrid, donde escribo casi todos mis artículos, donde pago mis impuestos, donde trabajo, vivo, salgo, como y duermo, me afecta y me cabrea que un tal Echeverría, Consejero de Transportes, ridiculice a un colega que usa el metrobús, tanto o más que cualquer polémica con más o menos interés entre Gobierno local y oposición.
Aún así, me siento tan poco de la gran capital que, con todo lo que llevo en ella, sigo sin empadronarme, lo cual me va a dar un disgusto el día en que me llamen para ser el segundo suplente de no sé qué mesa electoral y tener que firmar un domingo a las ocho de la m

Pero sé que el día que lle
ve mi papeleta a Correos nadie me habrá explicado por qué un día salimos y no se dieron las circunstancias para volver, por qué da la sensación de que las posibilidades que ofrece nuestra ciudad son limitadas. El lado bueno de esa carencia es que la vida te abre las puertas de otras experiencias fascinantes... Lo que me entristece de pensar que mi tierra siempre estará ahí es que, quizás, sólo encuentre el motivo de volver a hacer vida en ella cuando no tenga nada que hacer, cuando dependa de una jubilación y aproveche que todo es más barato y más tranquilo... Quizás demasiado tranquilo.
