Cuando uno lee "El Camino", "Los Santos Inocentes" o "Las Ratas", aspira entre sus páginas un aroma a Castilla profunda en su estado más estado puro. Delibes creó personajes relativamente sencillos, como era el propio escritor según los que hoy le describen, y él supo combinarlos en tramas tan variopintas en las que lo cotidiano y lo dramático se combinaban con una facilidad excelente.
Murió de la forma menos dolorosa en las que la muerte se concibe: con el deber cumplido. Deja un legado que promete ser duradero. Valladolid está orgullosa de él. Castilla también. Y España, por supuesto.
Su afición por la caza le hizo visitar con frecuencia algunos sitios de nuestra provincia. Parecía gustarle la zona de Mave, cercana a Aguilar de Campoo, en las proximidades del Pisuerga, para practicar su afición. Algunos de nuestros pueblos, a menudo citados en sus obras, también sirvieron como escenario de películas basadas en sus novelas, como es el caso de Valdecañas de Cerrato con la película de "Las Ratas". Curiosamente, nuestro callejero no tiene ninguna placa con su nombre.
Se fue un gran escritor y periodista, "de los de antes", de los que escribían con talento, sin saber lo que era un "best-seller", en el término moderno de la palabra. Director durante algunos años de El Norte de Castilla, periodista de (como se definía él) los de linotipia, son conocidas sus desavenencias con Fraga, el entonces Ministro de la Información. Bastante crítico con la locura a la que está sometido nuestro mundo en los días que corren, su receta para los males es la que transmite en sus respuestas: la cordura y la lógica. Pese a que hay grupos ecologistas rechazan la práctica de la caza, sin embargo son muchos los que le recuerdan con gratitud por ser defensor de la tierra, por alertar sobre los problemas que estamos causando al planeta, por ser un hombre que amaba su tierra. Quizás por eso le aman ahora tanto a él.
Con él se ha ido, sin duda, un cachito de la historia que hace grande a nuestra Castilla.