Un nacimiento que nace de la emoción
De un tiempo a esta parte se está poniendo de moda, en sus diferentes versiones, el concepto de la “ley de la atracción”, que viene a decir algo así como que, si crees con fuerza y con amor en un sentimiento, una idea o un deseo, acrecentas las posibilidades de hacerlo realidad.
Uno de esos libros cuenta cómo los grandes inventos del mundo partieron de un pensamiento y de unas ganas de hacerlo. Y que todo ese motor se mueve con fe, ilusión y, sobre todo, esperanza. Y, a veces, paciencia, con la que el premio sabe mejor.
Asistimos en estos días al nacimiento de una idea impulsada por un sentimiento. Un grupo de gente que sintió, con desencanto, la conversión en empresa del club de fútbol del que formaron parte. Un grupo de gente que entiende de otra manera el sentimiento de pertenencia a algo tan importante para una ciudad, como es su equipo de fútbol. Un grupo de gente que sintió una punzada en el corazón cuando, sin poder hacer nada más que aceptar la situación, vieron que dejaron de ser lo que estaban siendo hasta entonces. Un grupo de gente que aún se emociona cuando evoca recuerdos de viajes, partidos, juergas, cánticos, abrazos, nombres de ex futbolistas y gritos de ¡Gol del Palencia!

Gente que, irremediablamente, echará la vista atrás cuando en la radio se oiga: "Y en La Balastera, este fin de semana, Palencia – Salamanca" o "Palencia – Real Unión" o... "Palencia – Burgos"... Un Palencia – Burgos son palabras mayores: nunca un trozo de césped del tamaño de un campo de fútbol soportó tantas muestras de dolor al mismo tiempo.
Y cuando vieron que otros (y, después, una mayoría democrática) tomaron la decisión que les arrancó un pedacito de su alma morada, decidieron coger las riendas de su propio camino y, juntos, darle forma a una idea que se traduce en ilusión y en sueños: el Club Deportivo Palencia. Apenas ha dado sus primeros pasos y cuenta con quienes les miran con un poco de desgana: plataformeros, villeguistas o los de la pataleta, les llaman. Porque, dicen, no dejan en paz que el CF Palencia SAD haga su vida propia. Sin embargo, nada mejor que montarte tu propia película cuando, las que te quieren poner, no te gustan.
Es un proyecto que parte de cero y el techo, por lo tanto, queda muy alto, aunque algunos sueñen con rozarlo. El niño llegará hasta donde llegue. Y se transformará en lo que tenga que transformarse, pero la ilusión con la que se está llevando este parto sobresale por encima de cualquier dolor. Y qué narices: un nacimiento que nace de una emoción siempre es algo digno de ser bienvenido a la vida.