Vuelve a salir el tema de la autovía. Ya sabemos que tres de los cinco sudamericanos que tuvieron un grave accidente de coche el sábado a la altura de Alar murieron justo en el tramo sin construir de la mítica y puñetera autovía que lleva un año de retraso. En días como ayer domingo, tras un larguísimo regreso desde el Norte de la península, es cuando de verdad se maldicen los retrasos de la obra. El tapón de coches que se forma en Alar tras un día en el que medio Palencia y parte de Valladolid subieron a las playas de Cantabria fue importante. Un tapón procedente de otro, el de Torrelavega, donde confluyen absolutamente todos los puntos neurálgicos de la costa cántabra, aunque ya está aprobado el tercer carril en este tramo, así que no es descartable que durante varios meses, por obras, haya que hacer arreglillos y obras medio largas con un poco de tufo a lo Manolo y Benito, mientras se corta un carril para ir haciendo el tercero y esas cosas. Así, pues, de tapón a tapón y circulo porque me toca.
El accidente del sábado no se hubiera producido de haber existido la autovía. ¿Quizás otro? Puede, pero allá especulaciones fatalistas y providenciales.
La entrada y salida de la N-611 que nos ha acompañado toda nuestra santa vida están marcadas por unos carteles que la hacen denominarse "tramo de concentración de accidentes". Antes, dirección Santander, a la salida por Monzón, uno se limitaba a ver el Castillo y a contar los coches que paraban en el club de enfrente sin pensar que entraba en una carretera maldita. Ahora, con la casi-autovía al lado, la carretera llena de señales de "Todo a 100", salvo en los pueblos, "a 40", se torna de color negro-suceso.
Al margen, las declaraciones de los políticos. Hoy Carriedo lamentaba el retraso de la obra porque, por su culpa, se nos ha privado de otras dotaciones económicas para operaciones tipo soterramiento o la autovía Palencia - Benavente. Al escucharle este mediodía, seguro que más de uno pensó: "Fijo que éste anoche también vino de la playa".
El caso es que el ciudadano de a pie con coche, el que puede evitar un tercermundista y caro tren playero, lo único que quiere es poder conducir un poquito más seguro y por buenas carreteras. Que la A-67 acabará siendo una buena vía no cabe duda, aunque tampoco será infalible, pues se supone que seguirá habiendo accidentes. Pero que las malas planificaciones de las obras y los anuncios a bombo y platillo de macro-obras en tiempo record o similares no depende de ellos, eso es una verdad como un templo. Y las consecuencias negativas por incumplimientos (échense las culpas entre ellos, si quieren) no deberían tampoco pasar desapercibidas.
























